La Autora Joyce Meyer predicadora cristiana con uno de los ministerios mas exitosos a nivel internacional, nos presenta un análisis de la batalla que libra la mente al ser atacada por huestes espirituales de maldad, que utilizando las situaciones difíciles y dolorosaspor los que una persona atraviesa a lo largo de su vida, le llevan a tener pensamientos equivocados de si mismo y de los demás. Esta afirmación la refuerza a través de citas bíblicas que declaran que nuestra lucha no es contra fuerzas humanas sino contra satanás y sus demonios.
A la luz de la Palabra nos enseña cuales son los pensamientos que el enemigo constantemente utiliza para atacarnos en nuestra vida, y en nuestro crecimiento espiritual, así como el tipo de mentalidades desérticas que nos impiden: alcanzar la paz, tener una fe fuerte, y recibir las bendiciones que Dios tiene para nosotros; la idolatría que se esconde tras la autocompasión, la confianza en Dios que nos roban las preocupaciones, el peligro de tener una mente pasiva, la falta de conocimiento del plan de bendiciones que Dios tiene para cada persona que nos lleva a sentir celos y envidias; el hecho de no aceptar que tras el arrepentimiento hay perdón para los pecados por medio de la sangre de Jesús nos lleva a la autocondenación; así como el juicio y la critica rompen relaciones y abren puertas al enemigo para que destruya nuestras vidas, pues cosechamos lo que sembramos.
Utilizando como ejemplo la vida de Jesús nos muestra que el estado normal de la mente es: sin preocupaciones, sin temores, sin quejas, confiando totalmente en Dios y depositando en El toda carga..
Enfatiza que para tener una actitud positiva a pesar de las circunstancias, necesitamos cambiar nuestros pensamientos erróneos por los pensamientos de Dios, con la ayuda del Espíritu Santo, y a través de su Palabra; con perseverancia, paciencia y determinación es posible de lograr.
Finaliza señalando que nuestra vida es el resultado de la fe y de los pensamientos que damos cabida en nuestra mente, pues una vida de victoria es el resultado de una mentalidad victoriosa; Dios mismo nos mandó a “renovar nuestra mente”, y los resultados que están a la vista, nos muestran que
el hombre no puede ser feliz sin obedecer a Dios.