La
belleza y sus formas. A lo largo de los siglos, los filólogos han procurado establecer el significado de “bello” y “belleza” sin coincidir: en general, se alude a lo
bello como algo que nos
moviliza y nos provoca una profunda emoción. Es nuestra subjetividad la que lo percibe. La belleza es una categoría abstracta: la esencia de lo bello. La belleza es una aspiración mayor que participaría de lo mágico y lo religioso. Por lo tanto, el
hombre tiende a que sus obras sean bellas y cuando hablamos de creaciones artísticas agregamos el componente intuitivo, para aunar belleza y fuerza creativa. La naturaleza como primer escenario del hombre, implicó desde siempre la contemplación y admiración: se acepta que existe identidad entre la belleza y la naturaleza. Se puede afirmar que la atracción por la naturaleza es un aspecto fundamental de la
conciencia estética. La relación entre arte y belleza también resulta conflictiva: el arte puede resultar bello a posteriori de la creación o bien, la creación sería una expresión con intencionalidad de belleza. Elegir una idea u otra depende de cada uno. La conciencia estética también es ambivalente ya que el hombre la adquiere de modo espontáneo o bien, tiene conciencia estática del arte teniendo presentes sus circunstancias. A modo de reflexión personal, puedo agregar que considerando que la belleza o aquello que la contiene, que participa de ella, es decir, lo bello suscita admiración, moviliza
emociones y se identifica como una esencia de lo divino, no es extraño que el hombre, sabiéndose pequeño ante el Universo, como espectador se sienta maravillado por el esplendor de la naturaleza y a su vez, en las creaciones artísticas, trate de expresar sus sentimientos de la mejor manera. Sabe que su obra es racional e intuitiva a la vez, y brindará su talento y sus emociones procurando transmitir belleza.
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