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Los empresarios y la cultura

Autor : Sinopticom
Resumen por : sinopticom
Visitas : 64  palabras: 900   Publicado el: noviembre 03, 2007
Medici fue el primero en impulsar la cultura libre frente a la burocracia universitaria. En este artículo se dan razones  para que los empresarios  apoyen la cultura, además de  útiles consejos para todos aquellos que quieran convertirse en empresarios culturales.
El desarrollo del bien común, ni está peleado con el lucro, ni puede reducirse a lucrar. La vida económica es parte de una vida más amplia: personal, familiar, social, política, cultural y religiosa, lo mismo en las tribus nómadas que en la vida moderna. Un empresario, como todo ser humano, es mucho más que un homo economicus. Tiene aficiones, entusiasmos, sueños de realización personal y de vida en común que rebasan el ámbito lucrativo. Limitarse a lo que es negocio sería una mutilación del desarrollo personal y social. En la práctica, los empresarios actúan como líderes sociales en un sentido amplio. Los ejemplos abundan. El más notable ha sido el de los Medici, que hicieron grandes negocios y pasaron a la historia como promotores del Renacimiento.
Cosimo Medici se entusiasmó con la cultura griega y patrocinó la creación de la Academia Florentina, inspirada en la Academia de Platón. A partir de su ejemplo, se crearon cientos de academias en Europa, como instituciones de la cultura libre frente al credencialismo universitario. (Paradójicamente, hoy las universidades infiltran las academias y llegan a dominarlas; no porque les interese la cultura libre, sino la credencial de miembro: la adquisición de capital curricular para su carrera burocrática.) Con ese mismo espíritu (promover la cultura fuera del claustro universitario), los Medici patrocinaron la primera biblioteca pública de Europa. Otro empresario, Aldo Manuzio, inventó algo notable: publicar comercialmente ediciones baratas de clásicos, para leer en casa, por el simple gusto de leer.
¿Qué pueden hacer los empresarios por la cultura? En primer lugar, darle tiempo en su vida personal. La experiencia demuestra que es posible, porque siempre ha habido empresarios que leen y frecuentan las artes, aunque no tengan grados (menos aún posgrados) universitarios. Lo importante de la cultura (a diferencia de la educación universitaria) no son las credenciales, sino el desarrollo personal. La vida sube de nivel usando más zonas de la inteligencia, mejorando el sentido crítico, afinando los ojos para ver y los oídos para escuchar, teniendo manos y cuerpos más hábiles, una conciencia más alerta de sí mismo y de la realidad, una mayor riqueza imaginativa y creadora, un mayor sentido de responsabilidad. Los libros y las artes enriquecen la vida personal y social.
También pueden facilitar lo mismo a su personal, sobre todo en las grandes empresas. Muchas han descubierto la importancia de que el lugar de trabajo tenga un sobrio sentido estético, no sea un lugar deprimente. Pero, además, entre las prestaciones que administran los departamentos de personal pudiera haber una biblioteca de libros, discos y devedés culturales para llevar a casa (y aprovechar el tiempo de camino); mejor aún, con clubes de lectura y de apreciación musical y visual. También pudieran conseguir (negociando paquetes) boletos para funciones de música, teatro, danza, ópera, así como visitas guiadas a museos y lugares dignos de verse en la ciudad y sus alrededores. Prestaciones que pueden extenderse a las familias, y cuya administración no requiere más que una, dos o tres personas que contraten el outsourcing necesario.
Muchas grandes empresas gastan en relaciones públicas y publicidad institucional; no para vender sus productos, sino para tener una presencia bien vista por la sociedad. Patrocinar públicamente actividades culturales cabe perfectamente en ese renglón, y no sólo legitima a la empresa, sino a la cultura, como valiosa. Donde hay presupuesto (para relaciones públicas y publicidad institucional), también puede haber imaginación para el patrocinio de proyectos culturales.
Una incubadora de empresas puede dar servicios de asesoría (para la evaluación del proyecto, para conseguir información internacional sobre nuevas ideas útiles para el proyecto, para darle forma legal, contable y fiscal); así como servicios de oficina provisional, de contactos para el financiamiento (socios, créditos, patrocinios, clientes) y de gestión de trámites. Entre los trámites, están naturalmente los de apertura del negocio, pero hay muchos otros. No todos saben que hay fondos internacionales para proyectos culturales, ni cómo tramitarlos. O cómo tramitar apoyos fiscales (para la inversión en una película o para extender recibos deducibles a los patrocinadores). O cómo participar en concursos internacionales. O exportar. O convertir en franquicias las posibles sucursales. Una incubadora con experiencia puede también ilustrar a las comisiones de cultura en el poder legislativo sobre las realidades que los Ministerios y otras autoridades ignoran olímpicamente.
Ideas sueltas: Patrocinar la creación o adaptación de programas de computación para administrar empresas culturales (como los que pueden localizarse en Google, buscando “bookstore management software”, “art gallery management software”, “theatre management software”, etc.). Patrocinar portales de internet que promuevan la ampliación del mercado cultural, conectando la oferta con la demanda, como
www.excentricaonline.com, un admirable portal sobre libros mexicanos publicados fuera de la ciudad de México, Buscar el apoyo del Liberty Fund para hacer algo análogo en español. Buscar lo mismo con The Great Books Foundation (www.greatbooks.org), que ha organizado miles de clubes de lectura de clásicos..
 
 
 

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