Globalización o hegemonía sin fronteras
La Revolución Francesa comenzó con grandes ideales: Libertad, Igualdad, Fraternidad. El nuevo régimen se instauró sobre esas bases –a las que rápidamente olvidó-, configurando un orden caracterizado por una búsqueda incesante de la perfección y el control, a los que solamente podía accederse mediante la razón. La igualdad quedó sepultada bajo las libertades económicas y comerciales.
La sociedad moderna, con su ilustración como estandarte cultural y científico priorizó la razón como herramienta principal para el conocimiento y dominio de la naturaleza. La razón puso luz, pero se volvió un mero instrumento al servicio de la ciencia, y la ciencia siempre funcionó al servicio del poder. La ilustración fue un proceso progresivo e irreversible de racionalización de todas las esferas de la vida social, y al mismo tiempo, la potenciación de la progresiva funcionalización e instrumentalización de la razón, teniendo como consecuencia la pérdida, por parte del sujeto, del sentido crítico y de la libertad.
Esas son las bases que marcaron el proceso que comenzó a nivel mundial hace unas décadas, que se denominó “Globalización”. Es importante tener en claro, que este proceso no es más que otra etapa del capitalismo, y como tal es un momento en que las esferas hegemónicas intentan amplificar sus dominios a toda la superficie del Planeta. Para tener una comprensión completa del fenómeno, será preciso analizarlo en todos sus efectos y todos sus espectros. Así como mediante la globalización el capitalismo llega a dominar en todas partes del planeta, también lo hace en la vida de los sujetos sociales que sucumben bajo este marco hegemónico y, obviamente ideológico. Será preciso buscar algún resquicio por donde la verdadera libertad pueda filtrarse y encontrar la posibilidad de retomar la construcción del Nuevo Hombre, sobre los ideales que la modernidad jamás ha cumplido.
Reducción de lo político – Minimización de los Estados
“Ni el “Estado” ni el “mercado” promoverán el “desarrollo” igualitario en una economía-mundo capitalista, cuyo principio orientador de la incesante acumulación de capital requiere y genera una polarización cada vez mayor del ingreso real.”
Immanuel Wallerstein<1>
Según Joachim Hirsch<2> en lo referente al terreno político “se habla de globalización relacionándola con el fin de la guerra fría y la división del mundo en dos bloques enemigos derivada de la misma”. Una vez que cayó la Unión Soviética, la victoria del modelo democrático liberal ha sido indiscutible. Los Estados Unidos son mundialmente una potencia hegemónica sin restricciones. El autor afirma que si bien la globalización cambió al mundo profundamente, de ninguna manera cambiaron las relaciones capitalistas de explotación y dominación, sino que incluso se han intensificado en diversos aspectos. Hirsch resalta que “la globalización no es un acontecimiento o expresión natural de una lógica objetiva, sino un proceso impuesto y reñido políticamente”.
Con la expansión del capitalismo global, se dio a su vez, la expansión de la democracia como régimen legitimador del sistema de dominación neoliberal. Obviamente este régimen no tuvo como objetivo equilibrar las injusticias sociales ni satisfacer las demandas de igualdad. Según Alberto Lettieri<3> estas democracias delegativas, no emancipadoras viven la tensión de expresar con carácter de estatuto legítimo lo que como fuente de poder niegan sistemáticamente. La política identificada con la democracia se reducirá a sus aspectos formales e institucionales. Se acentúa el desequilibrio y la separación entre lo social y lo político. Wallerstein afirma que la democracia real quizá sólo sea posible con un d
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