Un industrial, el inventor de la dinamita, Alfred Nobel, pacifista, al ser llamado traficante de la muerte equivocadamente
por un periódico decide que a su muerte debe dejar un legado a la humanidad.
Al morir en 1896, sus familiares se quedan pasmados ante la lectura del testamento donde indicaba que el 94% de su fortuna se destinaría a un premio mundial anual a los que beneficiando a la humanidad se hayan destacado en física, química, medicina, literatura y paz, economía se anexó en 1969.
El testamento, al no ser muy detallado, fue analizado por sus albaceas durante 5 años.
La primera entrega la hizo el rey de Suecia en el quinto año de su muerte en 1909.
Cada ganador, los laureados, recibió U$S42.000, hoy es de un millón, aunque menor que otros premios es el que implica el mayor prestigio profesional.