Sobre todos los dioses existía el dios Destino quien era el vengador del crimen y perseguía a las distintas generaciones
del criminal, fijaba la hora de la muerte y era acompañado por tres parcas.
El muerto era cubierto con flores y una moneda en la boca para su viaje donde se encontraba con un perro de 3 cabezas llamado cebero, si pasaba a este perro lo esperaban 3 jueces: Minos, Baco y Radamanto quienes decidían el destino de su alma. Pocos iban al cielo o Campos Eliseos, la mayoría se dirigía a los infiernos subterráneos y eran esperados por Plutón y su esposa donde continuarían con la vida terrenal entre tinieblas.
Por la gran cantidad de dioses era necesario la rendición de culto con sacrificios, bailes, cantos, estatuas y procesiones.
Los sacerdotes no tenían jerarquía, custodiaban el templo y podían renunciar a su empleo cuando quisieran. No influían en la vida moral del pueblo, esta tarea la practicaban los filósofos. El sacerdote era el rey de la ciudad y padre en el hogar. Las mujeres tenían el cargo de sacerdotisas pudiendo acercarse al altar al lado de las diosas femeninas. En los sacrificios ofrecían víctimas animales y frutos del campo, en un principio también hubo sacrificios humanos con tres prisioneros persas.
Además de todos los dioses principales y secundarios tenían dioses protectores que correspondían a cada ciudad.
Minerva, también llamada Atené era protectora de Atenas, Juno de Argos, Apolo de Delfos y Júpiter de Olimpo. Creían que los hechiceros y magos tenían relación con los dioses y que había lugares preferidos para la adivinación como en Delfos.
El oráculo de Delfos era consultado por una gran afluencia de griegos, una pitonisa daba las respuestas con gritos que eran traducidos en forma ambigua para acertar la respuesta a la pregunta estudiada desde el día anterior. La función de la pitonisa puede comparase a la médium de la actualidad.
Al mismo tiempo que se practicaba el culto público se conservaron las tradiciones antiguas practicando el culto privado hasta después que los filósofos desacreditaron las fábulas de la
mitología.
Teniendo como templo el hogar, este culto incluía la herencia y la propiedad. Los muertos eran enterrados en la casa, sobre la tumba se levantaba un altar considerándolos los dioses del hogar, sin permitir trasladarlos. La casa era propiedad sagrada de la familia perteneciendo a los antepasados aunque estuvieran muertos y a los descendientes que estuvieran por nacer, esta creencia religiosa complicó la aceptación de extranjeros y esclavos.