Tomado de: Objetividad, Relativismo y Verdad. Editorial Paidos-2002.
En este ensayo, el filósofo estadunidense egresado de la Universidad de Yale intenta reducir a sólo dos opciones la manera en que, históricamente, los seres humanos nos hemos relacionado con la
verdad, es decir, con la
producción de conocimiento. La primera de ellas sería la asumida por los "pragmatistas" y sugiere la conveniencia de centrarnos en nosotros mismos como colectivo, cuestionándo nuestras prácticas sociales en términos políticos, en vez de metafísicos o epistemológicos. La
solidaridad aparecería entonces como el resultado de una comunidad de individuos particulares sin referencia a una realidad que los trasciende (independiente del ejercicio de sus mentes y hasta de su lenguaje). Una colectividad en donde lo cotidiano se ofrecería como única
guia de la acción, y en donde la
intersubjetividad derrumbaría el "mito" de una
Verdad teleológica a alcanzarse
por sí misma.
La segunda opción apostaría por esa verdad (hoy denominada compulsivamente
objetividad) tratando de desvelar unos criterios de éxito trazados de antemano. Es así como la
ciencia para occidente se ha convertido en un
paradigma de referencia incontrovertible en virtud, como se supone, de unos criterios establecidos por la
razón. Lo que resulta paradójico es que haya sido precisamente el tipo de
sociedad capitalista -una sociedad afincada en el afán de lucro y la competencia- quien terminara por recurrir a cuestiones, si no metafísicas, po lo menos epistemológicas en busca de un consuelo: que lo que somos como
sociedad, y lo que proponemos, no puede morir totalmente.
Y es que cuando se requiere llegar a disponer de una relación
inmediata que nos indique el camino a seguir, es necesario contar con unos medios inquisitivos que nos acerquen a esa realidad indicada, y que terminen por justificar nuestros procedimientos. La
cultura occidental ha pretendido endosar a la ciencia, a su
método positivista, tal responsabilidad sin entender que sólo se trata de otra construcción social más y que no merece ningún tipo de privilegio.
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