Desoille empezó a ensayar la técnica del ensueño dirigido hacia 1918, y en 1931 da a conocer sus trabajos. En esta técnica
el paciente debe producir imágenes, las cuales tienen un componente objetivo pero también un significado subjetivo. Esto ocurre en cierto estado de vigilia, en un estado onírico distinto al sueño pero que, como este, el paciente se expresa en lenguaje simbólico con imágenes. Al paciente se le propone una imagen y, a partir de ella, debe hacer movimientos, que pueden ser de ascenso o de descenso. Si se sugiere una ascensión, por ejemplo, esto orienta la atención del sujeto hacia sus tendencias más dinamógenas y moviliza sus disposiciones más optimistas.
La imagen de partida puede sugerirla el paciente o serle sugerida. Se le pide que describa detalladamente la imagen, con lo que se obtiene una imagen ‘reforzada’ a partir de la cual podrá hacer movimientos de ascenso o descenso. En pacientes muy angustiados, deben evitarse imágenes mas angustiantes.
Las imágenes nacen de un estado afectivo, y si éste varía, la imagen también lo hace. Pero la inversa es también correcta: un estado afectivo puede suscitarse a partir de imágenes producidas. En estos escenarios enseñados el paciente puede tomar
conciencia de sus problemas internos y resolverlos en ese contexto de imágenes; puede reencontrar sus energías perdidas y reconstruir su psiquismo con ayuda del
terapeuta.
Muchas psicoterapias hablan de ‘reestructurar el psiquismo’ pero no dicen cómo se pueden llevar a cabo, y ello porque no han advertido el papel fundamental de la imaginación en este proceso terapéutico, pero una imaginación activa, que produzca y transforme imágenes. A través del ensueño dirigido se libera este lenguaje íntimo del paciente, a través del cual éste puede proyectar en sus imágenes lo vivido y lo no vivido (esto último es lo mítico, lo folklórico que el paciente toma de la filogenia).
El ensueño dirigido se estructura en dos cosas: a) una línea vertical de lo imaginario que evoluciona a lo largo de los grados de conciencia, y b) dos cadenas arquetípicas (masculina y femenina) correspondientes a los grados de conciencia y susceptibles de ser transformadas en sentido ascendente o descendente. A la evolución de estas representaciones se asociarán siempre modificaciones de sentimientos y emociones, pero también de conductas. Imágenes de animales, por ejemplo, se relacionas con lo más instintivo, grado más profundo de conciencia, y pueden ellas representar elementos masculinos o femeninos.
A continuación, Desoille se refiere al dominio y enriquecimiento de lo imaginario por medio del ensueño dirigido en psicoterapia, y luego describe la técnica con numerosos ejemplos.
El terapeuta debe vivir el ensueño a la par del paciente. Éste estará en posición horizontal, relajado, en silencio y semioscuridad. El terapeuta le sugiere una imagen de partida y éste la aceptará o no. A partir de allí se le sugerirá que suba o baje (imágenes de ascenso o descenso): subiendo aparece calma, serenidad, y bajando, angustia, temores. Ambas cosas son importantes, pues apuntan respectivamente a la superación y a las profundidades, donde yace el conflicto.
En la primera sesión se estudian las reacciones del paciente frente a las imágenes. Temas de partida son representaciones masculinas, como la Espada, o femenina, como la Copa.
Además de ascender o descender hay sugestiones secundarias como llene la copa, saque la espada, etc. Estos movimientos y los de subir o bajar, tienen significaciones. En la cura pueden aparecer negativas a subir, debido a represión de sentimientos nobles, o a bajar, por represión de lo instintivo y conflictual. Los mismos pacientes dan sentido simbólico a sus representaciones. El ensueño dirigido es una readaptación a la vida propia, y para ello debe definir bien su vida hasta ese momento: problemas que tiene o tuvo, familia, amistades, salud, sexo, metas, etc. Las sesiones tienen duración variable, y las hay de dos horas, donde primerose hacen interpretaciones de ensueños anteriores y luego se desarrollan nuevos ensueños.
El paciente debe colaborar activamente en la curación, y el terapeuta funciona como apoyo y sostén además de interpretar.
Obstáculos en la cura están ligados a lo constitucional, que no se puede modificar, y la edad (el ensueño dirigido no encuentra mayormente obstáculos en la edad, salvo excepciones). Otro obstáculo es la dificultad del paciente para tener imágenes y darles movimiento, de aquí que el terapeuta deba saber cómo facilitar el surgimiento de imágenes: si éstas son angustiantes o desagradables para el paciente, se le pueden sugerir otras más complacientes. También se pueden sugerir imágenes auditivas (un reloj, tocar las teclas de un piano) si hay dificultad para lo visual.
Desoille hace luego referencia a la relación terapeuta-paciente, al carácter directivo de la técnica y al papel de la transferencia.