Al menos una vez en la vida todos hemos sentido la tristeza, la soledad… sin embargo, ¿cuántas veces hemos experimentado
la depresión verdadera? ¿cuántos minutos al día somos verdaderamente felices? Las respuestas sinceras a estas preguntas pueden asombrarnos bastante pues quizás descubriremos que dentro de cada uno de nosotros puede esconderse una tendencia un tanto algofílica o algofóbica.
Los términos de por sí solos pueden resultar alarmantes pero hacen referencia simplemente a la tendencia, cada vez más universal, hacia la búsqueda del dolor y el sufrimiento o su contrario, el miedo a experimentar sensaciones dolorosas.
¿Qué papel desempeña la sociedad en estas tendencias que sobrevaloran el sufrimiento? ¿Cómo se han instaurado en cada uno de nosotros? ¿Cuán conscientes somos de su existencia?
La sociedad, a través de los siglos, mediante la influencia de las diferentes corrientes religiosas ha logrado instaurar en nuestras creencias la idea de que debemos sufrir por todo y por todos, asumir este sufrimiento como un don. Ser felices es una promesa para el mañana, nunca para el hoy. Así, el sufrimiento se sobrevalora y la depresión se convierte en el pan nuestro de cada día.
Por otra parte, existe una tendencia social antagónica, una carrera irrefrenable hacia la eliminación del dolor físico y recientemente, también se comienzan algunos intentos neuropsicológicos encaminados a la eliminación del sufrimiento de carácter más psicológico. La sociedad de los analgésicos, también termina por producir una sobrevaloración del sufrimiento. Así, nos convertimos en clones anestesiados que al despertarse no desean convivir con ese “yo” que les resulta un ente completamente extraño. ¿Resultado? Nos deprimimos.
Sin duda alguna, un tema para reflexionar y continuar en la búsqueda de información.
Este y otros temas similares pueden encontrarse en el blog: El rincón de la Psicología.