Agresiones de hijos a padres
José Carlos García Fajardo
Comienza este artículo presentando una realidad que posiblemente esté escondida para muchos: La violencia de parte de los hijos hacia los padres. Ésta son actos de descomedimiento que no se limitan a las violencias síquicas o verbales, sino también son físicas. Además, presenta el punto como una problemática social que ya va en aumento y que podría permanecer oculta entre aquellos problemas de violencia de género.
Señala el autor los valiosos aportes que hiciera el sicólogo Félix Arias en una entrevista. En ella se enseña que el momento cuando los padres se dan cuenta de que están perdiendo control sobre sus muchachos es la preadolescencia, siendo esta la etapa en la que se tiene mayor poder para hacer daño y en la que se pretende la autonomía y prevalecen las objeciones a todo.
El origen de esta problemática se encuentra en la infancia y va en aumento. La agresión se convierte en el método aprendido para obtener lo que desea. Lo irónico es que son los mismos padres quienes lo enseñan (indirectamente) al satisfacerles los gustos a sus hijos desde pequeños. Así que se crea un mecanismo en el cual el agresor es activo en su empeño por conseguir lo que desea, y el agredido (generalmente la madre por ser más débil) se doblega a la presión para evitar la agresión.
Estos hijos, generalmente varones, dañan la estabilidad familiar y ya que el ambiente hogareño no cuenta con reglas claras ni la firmeza de los padres, la posibilidad de que se llegue a la madurez se hace imposible.
La solución comienza cuando se tiene conciencia de la situación. Obviamente toda la familia se ve afectada. El tratamiento apunta entonces a un cambio en las relaciones, la comunicación y el aprendizaje para controlar los impulsos.
El compromiso mayor lo tienen los padres quienes deben comprender su papel y dejar que los muchachos cumplan con sus responsabilidades y que pueden equivocarse. Estas equivocaciones no deben implicar agresiones verbales ni una merma en el cariño que se les prodigue. Debe comenzar el aprendizaje y práctica de los valores. Se debe conocer quién tiene la autoridad y que ésta no se convierta en autoritarismo. Que haya reglas claras. Las actitudes también deben cambiar a fin de promover un ambiente de respeto, responsabilidades, comunicación y aliento mutuo.