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iquest;Te imaginas una universidad donde el profesor no se apoye en un texto guía sino que escriba uno? ¡Un texto distinto cada año! Una exposición
del resultado de sus propias investigaciones... Obviamente financiadas por la propia universidad.
Una de las primeras cosas que me llamó la atención del libro “Los Anormales” fue el título del primer capítulo: “Clase del 8 de enero de 1975”. Y de ahí me puse a investigar:
Resulta que este libro se editó,
con posterioridad a la muerte de su autor, transcribiendo las grabaciones realizadas por Gilbert Burlet y Jacques Lagrange, dos participantes del Curso dictado en el College de France en el año lectivo 1974-1975 (“en la jerga del College de France, se dice que los profesores no tienen alumnos sino oyentes”. Ya veremos por qué es así). Pero no fue una simple transcripción. Los editores tuvieron buen cuidado de revisar la numerosa documentación que Michel Foucault utilizó. Para ello contaron con la colaboración de Daniel Defert, quien heredó todos los manuscritos. Y aún tuvieron que considerar las diferencias entre el lenguaje oral y el lenguaje escrito. Pero ciertamente todo ese esfuerzo valió la pena.
Michel Foucault enseñó en el College de France desde enero de 1971 hasta su muerte, en junio de 1984. El título de su cátedra era “Historia de los sistemas de pensamiento”.
al igual que el resto de los profesores, Foucault tenía la obligación de dictar sólo 26 horas de cátedra al año. Sin embargo, cada año debía exponer una investigación original, lo que le consumía el resto del tiempo.
Por su parte, la asistencia a los cursos es completamente libre. Sin inscripciones ni requisitos. Absolutamente abierta a estudiantes, docentes, investigadores y público en general.
En este ambiente Foucault desarrolla su proyecto de investigación: estudiar y articular los diferentes elementos que permitieron la formación de los sistemas de pensamiento. El período 1974-1975 lo dedicó al estudio del concepto de anormalidad en el Occidente moderno, a partir del análisis de pericias psiquiátricas.
“Querría comenzar el curso de este año leyéndoles dos informes de pericias psiquiátricas en materia penal. Se los leo directamente. El primero data de 1955...” Así comienza la primera de once
clases dictadas durante los días miércoles, entre el 8 de enero y el 19 de marzo de 1975. Y con esos dos informes muestra el estado actual de la psiquiatría (“la ciencia y la técnica de los anormales”).
Posteriormente, en su segunda
Clase, retrocede hasta 1758. En ella lee un texto del siglo XVIII e invita a sus oyentes “a reconocer en él exactamente el mismo tipo de discurso que utilizan hoy los psiquiatras”. Pero también marca las diferencias. Y en el resto del curso asistiremos al riguroso análisis de algunos casos judiciales y sus respectivas pericias psiquiátricas, los cuales fueron minuciosamente escogidos para ilustrar el camino que Foucault ha develado.
En la tercera clase presenta su plan general. Un historial de tres figuras. Y nos presenta la primera: EL MONSTRUO. Ese ser que con su sola existencia desafía las leyes naturales y con ello provoca trastornos jurídicos. Los medio hombre y medio bestias de la Edad Media (¿corresponde o no bautizarlos?); las individualidades dobles, hoy conocidos como siameses, del Renacimiento (¿si uno comete un crimen, se le puede ejecutar conjuntamente con su hermano inocente?); y los hermafroditas de los siglos XVII y XVIII (¿se pueden o no casar? ¿con un hombre o con una mujer?)
La cuarta y la quinta clase fueron utilizadas para desarrollar el tema del monstruo, su evolución histórica y la forma en que la psiquiatría evolucionó para entenderlo y enfrentarlo. En la sexta clasese explica aún con más detalle esta evolución.
En la séptima y octava clases analiza en detalle la teoría y la práctica de la Confesión y la Dirección de conciencia, fundamentalmente en la Iglesia Católica, pero también con referencias a las Iglesias Protestantes.
Recién en la novena y en la décima clases Foucault nos presenta la figura novedosa del ONANISTA, el niño de familia rica sobre quien la medicina de la época desata una verdadera campaña del terror que tiene como consecuencia una mayor preocupación de los padres burgueses por sus hijos, con la directa supervisión de la medicina, cuyo resultado final fue “la familia restringida (padres, hijos) como un nuevo aparato de saber – poder”.
Pendiente quedó un estudio del INDIVIDUO A CORREGIR, la tercera figura de este historial. Apenas nos enteramos que se trata del sujeto a quien las técnicas de normalización no consiguen reducir. Un fruto de las normas. Esas técnicas de disciplina creadas a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII en el ejército, la escuela, los talleres e incluso al interior de las familias.
No sin antes disculparse (“no tuve tiempo”) por este vacío, Foucault utiliza la última clase para realizar la síntesis. Para explicar como estas tres figuras (el monstruo, el individuo a corregir y el onanista) se funden en una sola: EL ANORMAL. “Ese personaje incapaz de asimilarse, que ama el desorden y comente actos que pueden llegar hasta el crimen”.
“Los anormales” es el resultado de estas once clases, que a su vez son el resultado de un año de investigación, que a su vez fue el resultado de la particular manera de hacer “universidad” del College de France.
¿Se imaginan cómo fue la universidad que hizo posible a un Michel Foucault? ¿Se imaginan cómo podrían ser nuestras propias universidades?
Más resúmenes sobre LOS ANORMALES (una reflexión a propósito de)