Se estima que, en promedio, cada cuatro minutos una niña o mujer es violada en México. Apenas una parte de estas
violaciones es denunciada ante las autoridades. En un número de
casos aún menor se condena a los violadores. En los raros casos en que las
niñas y
mujeres recurren a la justicia por el abuso sexual que han padecido se las suele tratar
con recelo, apatía y falta de respeto. La situación es aún más grave cuando las niñas y mujeres que quedan embarazadas como consecuencia de la violación deciden interrumpir su embarazo. Los agentes
del Ministerio Público, los médicos y los trabajadores sociales suelen ignorarlas. En ocasiones, los funcionarios gubernamentales silencian activamente a las víctimas de violaciones mediante insultos y amenazas, en una actitud que demuestra un flagrante desprecio hacia su dignidad humana y sus derechos a no ser discriminadas, a acceder a un juicio justo, a la salud y a la igualdad ante la ley. Estas son las características más
comunes de víctimas en estos casos:
• Ser mujer;
• Tener entre 10 y 13 años (preadolescencia)
• Pobreza,
• Bajo nivel cultural,
• Viviendas inadecuadas,
• Abuso del alcohol.
También se relaciona con determinadas situaciones familiares como:
• Ausencia de los padres biológicos,
• Incapacidad o enfermedad de la madre,
• Conflictos entre los padres
• Relaciones pobres, escasas o deficitarias por algún motivo con los padres Y/o tener padrastro.
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