Navagando por ahí encontré
casualmente un artículo que hablaba sobre enfermedades mentales raras,
que no afectan
a mucha gente, o sólo a una zona del mundo determinada,
pero que son realmente curiosas por sus efectos en el ser humano.
Hablemos de algunas de ellas. La pérdida cognitiva aguda
consiste en que el cerebro del que lo padece es capaz de ver, oir y
sentir
perfectamente, pero no es capaz de asimilarlo emitiendo juicios
sobre ello. Los afectados por esto, son sorprendidos dando palmaditas
en las cabezas de niños pequeños cuando en realidad son bocas de
incendio, o hablando con picaportes de puertas. Un paciente en concreto
cogió a su mujer del cuello de la camisa y las orejas e intentó
ponérsela en la cabeza. A su juicio, su mujer tenía la misma categoría
conceptual que un sombrero o un paraguas. La negligencia hemisférica
hace que sólo puedas ver el lazo izquierdo de las cosas, haciendo que
los pacientes, por ejemplo, sólo coman el lado izquierdo del plato, se
aten el zapato izquierdo o sólo escriban en la parte izquierda del
folio. Cuando hablamos de un paciente con visión ciega, decimos que padece una
enfermedad mental que puede ver perfectamente, pero su cerebro no es consciente de ello. Así,
dicen que no pueden ver un objeto en particular, pero si se les obliga
a señalarlo lo hacen sin dudar ni fallar. Y si padeces ceguera al movimiento,
queremos decir que el paciente no ve las cosas que se mueven. Capta sin
problemas la mesa, la taza y la tetera, pero cuando va a echar el té
simplemente ve el chorro como si estuviese helado. Puede ver todo, pero
desaparece de su campo visual cuando se mueve. El síndrome de Capgras
es un trastorno que hace que todo el mundo sea un impostor a su juicio.
Reconoce perfectamente la cara de su mujer, o sus amigos, pero al no
saltar la memoria afectiva no experimenta ningún tipo de sentimiento,
por lo que se piensa que la persona que está delante suyo es un
impostor. Pero si padeces el síndrome de Munchausen,
ándate con ojo, porque significa que te practicarás heridas y
mutilaciones simplemente por querer ser cuidado y atendido. En
ocasiones, el afectado puede herir a sus seres queridos, pensando que
les será más placentero ser atendido que vivir el día a día. Y ya si hablamos de casos raros, podemos encontrar la enfermedad de Koro,
que sólo se da en China, haciéndo creer al paciente que su pene está
empequeñeciendo progresivamente hasta invaginarse en el abdomen y
producir la muerte. En un 30% se asocia
esta enfermedad a la depresión, pero no siempre se acompaña de otras
patologías. El paciente puede llegar a morir por esta enfermedad. En
Papúa Nueva Guinea tienen otro problema: el wild-man
(hombre salvaje), que sólo afecta a hombres de entre 30 y 35 años, los
cuales empiezan a hablar de forma inconexa y sin sentido. El hombre
acaba marchando a la selva, robando cosas a su paso y desperdigándolas
después por la jungla. Al cabo de unas semanas aparece en casa como si
nada de eso hubiese ocurrido. En la isla de Java e Indonesia se dan
casos de Amok, en la que el
individuo, tras sufrir una gran vergüenza pública, enloquece y echa a
correr destrozando todo a su paso, matando animales o personas.
Normalmente el resto de la población lo acaba matando por ser un
peligro, pero los que sobreviven afirman no recordar nada de lo
ocurrido.