A fines del Siglo XIX el
pandit Baghavan Das aplicó las conclusiones prácticas de la moral de las escuelas filosóficas de la India en la elaboración de este
tratado. El
eje de la obra sitúa las modalidades de la
vida emocional en relación con una polaridad básica permanente. Las clasifica unas y otras alineadas con el
amor o el
odio.
De hecho la alegría, el entusiasmo, la ternura, toda forma de sentir positivo, la templanza, la serenidad, revistan en la gama del amor. En el renglón opuesto,
emociones como el temor, la envidia, los celos, la tristeza y la depresión y toda la escala de afecciones negativas, se encuentran encuadradas dentro del polo del odio.
Ambos sentimientos inmortales del alma humana, el amor-odio, constituyen el eje siempre dinámico del mundo sensible y arrastran la voluntad personal (deseo) y estimulan la toma de decisiones y la realización de elecciones de un modo gravitante en la vida de la mayoría de los seres humanos.
El hombre promedio se encuentra polarizado en el nivel emocional, actuando ciegamente, por impulsos o bajo la influencia de alguna pasión del ánimo, ya sea en un sentido adictivo como en la octava sublime de la encendida energía constructiva y propulsora, capaz de propiciar los grandes eventos e iniciativas de la vida.
Este erudito hindú (pandit) fue conocido posteriormente por su tratado “La Ciencia de la Paz”, obra verdaderamente compleja de subrayado carácter metafísico.
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