La mayoría de las personas al llegar a su etapa adulta empieza a descubrir falencias que no le permiten desenvolverse como desearían en las áreas sociales, laborales, personales, etc. Una de las más frustrantes es descubrir que no podemos expresarnos adecuadamente.
Nunca es tarde para aprender, pero imaginen que un joven o
adulto se sienta seguro del poder de su comunicación y no tener que buscarla a una
edad avanzada donde ya no queda tiempo para nada, sino saber que desde su tierna infancia ésta maravillosa virtud le fue influenciada.
Entonces como ya lo sospecharán estas humildes palabras están dirigidas a los padres que desean intervenir en el futuro de sus pequeños hijos. Es sabido que la edad donde más se puede influenciar (positivamente o negativamente) en la vida de un ser humano es desde su desarrollo fetal (dentro del vientre de la madre) hasta los siete años, no significa que después no exista este proceso, pero todo padre sabe que esta es la edad en la que su presencia y decisiones influencian en un alto grado al
infante. Por lo tanto el consejo que nos atañe es entregar herramientas cuanto antes al
niño o niña, para que vaya desarrollando facultades comunicativas, el adulto debe gestionarlas, debe facilitar la interacción siempre en busca de la educación integral del infante. El primer paso es que reflexionemos si desde nuestro rol de padres y adultos somos capaces de cumplir con nuestro trabajo de facilitadores, ¿sabemos como desarrollar las experiencias de aprendizaje necesarias que fortalezcan la futura comunicación de los más pequeños?
Entre los consejos de primera línea es que el adulto sepa entablar una relación agradable con el niño, construir un ambiente que beneficie la comunicación, imaginaos a un adulto que habla poco con el infante, o que evita el contacto físico, o peor aún que no se detenga un minuto a escucharlo, le entrega un mensaje muy claro: “No me importas”.
El ambiente ideal para el niño es el juego, recreando su imaginación descubriremos que el mundo infantil es muy amplio y que está en permanente captación; no nos conformemos con leerle el cuento, pidámosle que el invente el suyo propio, si
tiene un juguete nuevo, que lo describa: físicamente y emocionalmente ¿Por qué es este juguete tu preferido? La práctica de la descripción de las cosas que lo rodean desarrollará su capacidad de improvisación verbal.
Su capacidad de expresión corporal se desarrollará gracias a la transformación y al poder de imitación que podamos inspirarle: Imita con todo tu cuerpo a un ave que vuela feliz, ahora el ave tiene el ala derecha adolorida, ¿Cómo vuela?
Uno de los factores que más le cuesta aún adulto que ha carecido de este tipo de motivaciones es poder crear, unir en su mente las palabras, frases, etc., que expresen lo que él desea dar a conocer. Un ejercicio para ello sería sugerir un tema y que el infante trate de hablar del mismo unos treinta segundos o más, al principio le costará, uno puede sugerir ideas y pautas que lo estimulen a desarrollar sus propias ideas, por ejemplo: Háblame un minuto sobre el agua… o las mascotas, etc.
Encontrar temas acordes a sus vivencias de esa manera le resultará más sencillo.
No podemos dejar el desarrollo de la comunicación y la formación del niño sólo a cargo de los programas escolares, académicos y sociales, como personas adultas responsables tenemos que encontrar las diferentes maneras de aportar a esta formación, recordando siempre que somos facilitadotes que los ayudan a encontrar soluciones a sus propios problemas, no resolviéndolo todo, sino más bien ayudando a que ellos descubran sus propios desenlaces.
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