Alma inteligente
Jorge Loring, S.I
Hay cosas que existen aunque no se vean ni se sientan, como la presión atmosférica.
Dicen que un cosmonauta ateo hablaba con un neurocirujano católico. El ateo le dijo:
Me he paseado entre las estrellas y allí no me he encontrado a Dios.
Y el católico le contestó:
Y yo he operado muchos cerebros y nunca he encontrado un pensamiento.
El alma no se ve porque es espíritu, y no todo se ve con los ojos de la cara. Tampoco se ve el espacio y el tiempo, sino que sólo se pueden ver las cosas que ocupan el espacio, y las cosas que cambian con el tiempo. Pero podemos conocer la existencia del alma por sus actos.
Para saber si por un cable pasa la corriente eléctrica, intercalas una bombilla. Si se enciende, entonces conoces, por los efectos luminosos, la existencia de la corriente; pero tú no has visto la corriente. Y tocas ese cable, te da un calambrazo, aunque no veas la corriente.
Si detrás de una tapia ves una columna de humo, sabes que allí hay fuego; tú no ves el fuego, pero lo conoces por su efecto: el humo.
Rutheford y Bohr conocieron el átomo sin verlo, por los datos obtenidos.
La existencia del alma la conocemos por sus efectos.
El alma humana es la base de la vida y de la inteligencia. Si no tuviéramos almainteligente, no habría cultura, ni ciencia, ni artes, ni técnica, ni aviones, ni ferrocarril, ni radio, ni televisión, etc.
El alma es lo que más vale en la persona humana.
El alma, para pensar, se sirve del cerebro como de un instrumento; pero el cerebro sin alma que lo vivifique, no hace nada; está muerto. Es una bombilla sin corriente. Si el cerebro piensa, es por el alma.
La diferencia entre el cerebro de un muerto y el de un vivo es que uno tiene alma y el otro no.
El cerebro es condición para el raciocinio. La condición es necesaria, aunque no sea causa.
La causa del raciocinio es el alma. El cerebro es tan sólo la condición, el instrumento. El cerebro es instrumento del alma. Por eso el cerebro para pensar necesita del alma. Y si el cerebro está lesionado, el alma no funciona bien. El alma y el cerebro se influyen mutuamente.
Wilder Penfield de la Universidad de Montreal, que se dedicó toda su vida, como neurólogo y neurocirujano, al estudio de la persona y del cerebro humano, dice: “El cerebro se parece mucho a un ordenador. Sin embargo, la mente, el espíritu, es algo independiente del cerebro. La mente no es producto del cerebro, no es algo fisiológico. Ningún científico ha logrado demostrar que la mente tiene explicación material”.
“Si es cierto que el cerebro puede ser comparado a una máquina provista de todos los dispositivos electrónicos más perfectos y los conmutadores mejor ajustados, es necesario, sin embargo, que añadamos un operador: el alma”.
La máquina puede calcular mejor que el hombre, pero es incapaz de sentimientos, y de reproducirse.
Una computadora electrónica puede diagnosticar una enfermedad e incluso programar un tratamiento, pero no puede captar factores psicológicos del enfermo, como el temor, la ansiedad, la frustración, etc., que el médico puede captar y tener en cuenta. El ordenador no siente cariño, ni alegría, ni remordimientos.
“Los procesos psíquicos no poseen ninguna de las propiedades que observamos en la materia…Por otra parte, la materia no presenta ninguna de las propiedades de lo psíquico…El hombre aúna ambas clases de procesos: su cuerpo se compone de materia, y su vivencia consciente es de naturaleza inmaterial, psíquica”.
Hay que distinguir entre las funciones cerebrales y el cerebro. La memoria, -dijo el Dr. Rodríguez Delgado- está en el cerebro pero no es el cerebro. “El cerebro y el alma son cosas distintas”, dijo este eminente investigador del cerebro.
Sin alma inteligente no podríamos progresar.
El hombre progresa porque tiene inteligencia. El animal no progresa porque no la tiene.
La vida de las abejas que describió Virgilio hace dos mil años, era exactamente lo mismo que la de hoy.
¿Qué diría un sabio de la civilización antigua si resucitara hoy y se encontrara con inventos como el avión y el submarino, la radio y la televisión, la corriente eléctrica y los rayos X?
El hombre –como tiene alma inteligente-, ve, observa, discurre y deduce. El animal - como no la tiene- ve, pero no deduce nada. No sabe discurrir. El animal obra a ciegas. Sigue los instintos que Dios la ha puesto, sin saber por qué.
El instinto es como una máquina automática. Funciona siempre igual.
“Lo que impropiamente solemos llamar inteligencia animal es su capacidad para moverse entre estímulos”. El animal responde de la misma manera a los mismos estímulos que excitan sus instintos. En cambio el hombre puede modificar sus respuestas al estímulo.
Los instintos animales tienen una memoria sensitiva que les impide repetir los mismos errores. La memoria sensitiva es mera yuxtaposición de imágenes. Es algo muy distinto del raciocinio humano en el que se afirma la correspondencia de dos ideas.
Pero la memoria sensitiva de los animales no tiene nada que ver con la memoria espiritual, propia del raciocinio humano, que permite al hombre pasar de lo conocido a lo desconocido, y así hacer posible el progreso, ausente en los animales.