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Shvoong Principal>Ciencias Sociales>Educación>Reseña de La contaminación electromagnética

La contaminación electromagnética

Reseña del Artículo   por:juanrobert     Autor : Álvaro Altés
ª
 
La contaminación electromagnética                
 
Álvaro Altés
   
     En Estados Unidos, los países, del este europeo y la URSS existen numerosos laboratorios que estudian la contaminación electromagnética.
     Existe un primer estadio “difuso” en el que los síntomas de las enfermedades originadas se confunden con los producidos por otras causas: astenia (debilidad), alteraciones en la conducta, en el sueño, en el apetito – incluido el sexual-, enfermedades cardiacas menores, etc. El segundo estadio, claramente lesivo, surge cuando las personas están sometidas a una fuente en la que se produce un tipo de descarga llamada “efecto corona” – por el halo luminoso -, acompañada del chisporroteo audible en los tendidos de alta tensión. Primero se siente  malestar, desagrado por el ruido (53 decibelios a 50 metros en tiempo húmedo) y, en las zonas rurales o tranquilas, puede ocasionar alteraciones nerviosas en personas sensibles. Sobreviene una sobreproducción de serotonina y, medio o largo plazo, se produce un estado de narcosis (somnolencia y apatía), el tercer estadio es la muerte.
     Una fundación para la investigación sobre el cáncer, radicada en San Antonio (EE UU), indica que el campo electromagnético alterado produce tumores cancerosos y ciertas leucemias.
     Antes de 1939, la tensión transportada por cables de conducción de energía eléctrica alcanzaba los 70 kilovoltios (kv), mientras que hoy se han generalizado tensiones de 300 a 750 kv. También la intensidad se eleva a kiloamperios. A esa intensidad, el campo magnético queda alterado entre decenas y centenares de metros, pero el campo eléctrico, a los altos voltajes citados, resulta modificado hasta distancias diez veces mayores. Tal vez por ello en Estados Unidos se abandonado los proyectos de instalar líneas de más de 750 kv. No ha ocurrido, en cambio, lo mismo en Europa, donde experimentalmente, en Francia e Italia, se han superado los 1000kv, aumentando el llamado “corredor perjudicial” – o anchura del pasillo claramente nocivo para el ser humano a ambos lados del tendido – a más de 2 kilómetros de anchura.
 
La invisible amenaza de las telecomunicaciones
    
     Mientras que, hace cincuenta años, la radiación de fondo natural en frecuencias entre 100 kilohercios (kHz) – frecuencias radioeléctricas o radiofrecuencias – y 300 gigahercios (GHz) – hiperfrecuencias o microondas – tenía una energía relativamente pequeña, en la actualidad, con la proliferación de emisoras en las grandes ciudades y centros industriales, se miden valores de mil a un millón de veces superiores. Se trata de una contaminación que también se pretende ignorar.
     En 1981, en un documento de la serie Criterios de higiene ambiental, dedicado a la contaminación radioeléctrica, la OMS afirmaba lo siguiente: “Las ondas electromagnéticas emitidas en un país dado pueden propagarse por todo el mundo”. Como indica el informe de la Office of Telecommunications Policy estadounidense de 1974, “si no se adoptan en seguida programas de vigilancia y métodos de lucha convenientes, la humanidad corre el peligro de entrar dentro de poco en una era de contaminación energética comparable a la era de contaminación química que conocemos hoy.”     
      Las hiperfrecuencias – frecuencias superiores a 300 megahercios (MHz) – pueden producir alteraciones en el sistema nervioso y en el cerebro, máxime si se tiene en cuenta que incluso las frecuencias superiores a 10 MHZ han de considerarse peligrosas. En consecuencia, la televisión por satélite, que utiliza tales frecuencias, resulta nociva para la salud humana.
     Salvo en las frecuencias, no hay ninguna diferencia fundamental entre las ondas radioeléctricas (radio, televisión, radar, microondas, etc.) y las radiaciones producidas por los rayos X o los isótopos radiactivos en su desintegración, cuya frecuencia es mucho más elevada y, por tanto, la longitud de onda extraordinariamente corta, micrométrica. Y, sin embargo, nuestro sometimiento a aquellas ondas es continuo y permanente.
     Los cada vez más extendidos hornos de microondas, que por ejemplo, provienen de una técnica militar. Su frecuencia, de 2450 MHz, antes era empleada en el radar.
     Por otra parte, las radiodermis, o quemaduras causadas por la exposición a ondas electromagnéticas en los operadores de radar, son análogas a las que producen la radiación ultravioletas, los rayos X y la radiación procedente de material radioactivo. Es cierto que los daños son menos agudos, pero sus secuelas pueden ser graves e incluso mortales precauciones respecto a los efectos de la radiación sobre la población civil circundante.
     Los radares de instalaciones militares y las emisoras de radio y televisión para transmitir vía satélite son las principales fuentes de esa contaminación.     Los radaristas y los trabajadores de televisión, radio y de las telecomunicaciones en general están expuestos a las microondas. Se han hecho numerosos experimentos con animales que han puesto de relieve la existencia de abundantes efectos perjudiciales.
        Por otro lado, no hay que olvidar la proliferación incontrolada de emisoras en Banda Ciudadana, ocupada en principio, por las llamadas “radios libres” y posteriormente invadida por emisoras comerciales que, con sus potencias elevadas, contaminan el espacio urbano. En la mayoría de los países europeos, estas emisoras tienen cuatro vatios de potencia, aunque hay algunas de cientos de vatios e incluso de un kilovatio. Quienes las manejan no solo atentan contra la salud, sino contra las de sus vecinos. Además, la proximidad de las nuevas emisoras de radio a los núcleos de población las hace especialmente peligrosas por sus potencias enormes, de miles de vatios, que incluso llegan a crear en ocasiones problemas en la comunicación de los aviones. 
 
Publicado el: 04 febrero, 2009   
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