LA COSTUMBRE DE VIOLAR LA LEY
Se acata, pero no se cumple.
Alcanza una vueltita por cualquiera de las grandes ciudades del país para constatar que el cumplimiento de las normas de tránsito no desvela a una gran cantidad de automovilistas argentinos. Deslices que tal vez agregarían un poco de color al folklore local (no como en esas aburridas urbes europeas donde se detiene la marcha para que la gente cruce) si no fuera porque en las rutas tales “deslices” causan miles de muertes por año y un número todavía no determinado de ciudadanos discapacitados y familiares desdichados.
El recorrido podría seguir por las canchas, donde las bombas de estruendo se suman a la algarabía de la hinchada… es tan lindo festejar, o protestar cuando la pelota no
cumple… Lástima que a veces el tiro sale por la culata y el “juguete” le revienta la vida un chiquilín que está allí compartiendo con su viejo un amor hereditario mientras en la casa la madre espera, lista la comida.
De qué se sorprende, dirá alguno, seguro que deslizando unos billetes, un “buen” abogado salvara a su cliente, detenido cuando embolsaba los 10 mil que cobró por cajonear una multa, picardía criolla gracias a la cual la empresa que pagó la coima siguió vaciando sus químicas al río… Total… nunca se probó que hiciera mal…
Sobornos, ruidos molestos, contaminación ambiental… Evasión impositiva y provisional, incumplimiento de contrato electoral, desobediencia de elementales normas de seguridad… Apropiación de derechos intelectuales, maltrato de niños… Minuciosa la lista sería interminable. Es tan abrumadora la seguidilla de hechos que lo muestran que resulta difícil no sentir que en la Argentina que la ley vale poco, casi nada. Y difícilmente se hable de “inseguridad” por ello.
& iquest;Un mal histórico? Al recordar que al pie de las cédulas reales llegadas desde Madrid, virreyes y gobernadores escribían “Se acata pero no se cumple”, el historiador Edmundo Heredia sugiere que la anécdota prologue el primer capítulo de una historia de la violación de las leyes en América. “La primera violación a las leyes en la época moderna americana fue la de Cristóbal Colón”
Agrega por su parte el jesuita Gustavo Morello. Fuimos marginales de la corona española de la revolución industrial y del desarrollo de los años `50. Y hasta de las revoluciones sesentistas.
Desde la cátedra de Sociología del Derecho, la profesora Martha Días de Landa habla de un “circulo diabólico” puesto a girar a partir de una cultura facilista. “La necesidad es educadora. Muestra el valor del esfuerzo, y eso ayuda a valorar a las personas, a respetar al otro. Es un mecanismo de contención a las transgresiones.
Al asunto es fácil relacionarlo con otro de los problemas que apunta Díaz: el formalismo de las leyes. “No hay un esfuerzo por insertarlas en la sociedad. La ley es una cosa de abogados. No una herramienta de convivencia. Existe un abismo entre expertos y cultura jurídica cotidiana”.
Dar el ejemplo ¿Es posible que en una sociedad donde los funcionarios violan la ley, el ciudadano común las cumpla?
El especialista en ética e investigador del Conicet Dorando Michelini no tiene dudas. “La falta de ética en el cumplimiento de las leyes por parte de los gobernantes incide en forma nefasta en el comportamiento de los gobernados. Sin embargo, esta situación no se revierte sólo dando buen ejemplo, sino ajustando los mecanismos de transparencia y autocontrol ciudadano”.
Al reflexionar sobre el tema, Rubén Arroyo se remonta 25 años en la historia reciente, cuando a partir del golpe de 1976 se produjeron en el país las más graves violaciones a la ley del siglo 20, minimizadas empero con las leyes de punto final y obediencia debida de Alfonsín, y los indultos de Menem.
“Con actos de esta catadura moral en la clase dirigente, incluido los miembros del aparato judicial y parlamentario, ¿qué respeto a la legalidad y a la justicia podemos esperar de la ciudadanía?”
¿Y la ley para que sirve? “Sólo a través de la ley es posible crear condiciones para la autorrealización individual y colectiva. Una comunidad que no cumple con las leyes está en camino de autodestrucción”.
“La ley regula, organiza, pacifica. Los sujetos en general necesitamos de la ley. De jefes, y de reglas claras”.
¿Es posible hacer algo? “Si los de arriba no empiezan, podemos hacerlo nosotros”, Alienta Diego, del Instituto Lincoln, de Hurlingham.Otros estudiantes proponen “ser honestos desde la escuela”, y para un tercer grupo, “se trata de un problema de concientización: casa-escuela-calle.
Finalmente, para Gustavo Morello, la cosa pasa por respetar y cuidar al otro.
“Un amigo que subió al Aconcagua señalaba como una de las cosas fundamentales del andinismo que uno tiene en sus manos la vida del compañero, y viceversa. En una comunidad es igual: tenemos en nuestras manos la vida del otro. Mientras no nos pensemos como un grupo de personas que comparten tierra y sueños, será muy difícil, que respetemos normas de convivencia. Gracias a Dios, nos vamos dando cuenta que así no podemos seguir. Si no hay ley, ni siquiera está el equilibrio de la selva. Es sólo fuerza bruta y patotera, demoledora y destructiva”.
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