EDUCACIÓN SEXUAL
No es lo mismo información sexual que
EDUCACIÓN sexual.
La información sexual es más fácil, pero no basta. Se ha comprobado que a más información sexual, más embarazos de adolescentes, enfermedades venéreas, etc.
Se puede tener una gran información sexual, y ser esclavo de la lujuria.
Una persona puede saber perfectamente que una cosa es mala y sin embargo no querer privarse de ella. Es el caso de los fumadores.
La
educación sexual debe procurar la maduración afectiva del niño, hacerlo llegar a ser dueño de sí y a usar rectamente del sexo.
La educación lleva al hombre a practicar el bien. “La virtud no es cuestión de enseñanza solamente. Muchas veces comprobamos que el problema no es de desconocimiento de lo que hay que hacer, sino que falta el necesario esfuerzo para hacerlo (…). Las virtudes se logran a costa del propio esfuerzo, pero es fundamental que este esfuerzo esté acompañado de una convicción intelectual”. Al hombre no le basta saber lo que es verdad y lo que es bueno, necesita además una motivación que lo anime a vivirlo. Y en eso consiste la educación. La experiencia cotidiana enseña que al hombre no le basta conocer el bien para practicarlo. Ya lo dijo
Ovidio hace dos mil años: “Conozco el bien y lo apruebo, pero practico el mal”.
La experiencia ha demostrado que una información sexual insistente, como la que hoy padecemos, es de efectos negativos, pues se convierte en excitación sexual.
“La enseñanza no es nunca una educación completa. Ha de ser complementada por el esfuerzo personal, por la lucha. Esto es especialmente cierto en lo relativo a la educación sexual.
“El uso cristiano de la
sexualidad no se realiza sin esfuerzo; sin un esfuerzo que a veces tiene que ser heroico.
“Esto vale especialmente para la juventud, en la cual la fuerza de las tendencias sexuales y la poca madurez de la personalidad joven, exigen una lucha más rigurosa”.
Las caídos en materia de sexualidad se deben, más que a las falta de información, a la debilidad de la voluntad, expuesta a todas clases de tentaciones que sólo pueden superarse con esfuerzo humano auxiliado por la gracia de Dios.
“Una educación sexual bien hecha –iniciación y educación-, es necesaria, y el hacerla con discreción y delicadeza corresponde como un derecho y un deber de los padres, que lógicamente se han de preparar y empeñar en ella. Sería un error dejar esta educación, por un silencio culpable, a agentes inadecuados que el niño encontrará, quienes inevitablemente harán su pseudoeducación.
“Nadie puede marginar a los padres de esta tarea, y nadie les suplirá como es debido con tal que ellos lo hagan bien.
“Por la misma razón
han de colaborar los gobernantes, gerentes del bien común. Su colaboración no ha de invadir, sino respetar la competencia de los padres y los derechos de la comunidad cristiana.
“Un programa realista de colaboración del Estado en este asunto habría de tener muy en cuenta problemas como el de la protección de la familia, la enseñanza, las condiciones de trabajo, alojamiento, la multiforme pornografía y anarquía del erotismo público, la llamada “apertura cultural” de los medios de comunicación social y otros, algunos de los cuales son realidades muy perniciosas, verdaderos agresores injustos – con bellos nombres – de los derechos de las personas débiles que, por sí mismas, no se pueden defender.
“El poder público es corresponsable, junto con los ciudadanos, de la defensa de sus valores y, en nuestro caso, no es justo que el pansexualismo posea un nivel tan alto de monopolio de la educación de la sexualidad.
“
La escuela – y ahora pensamos en la escuela católica – puede aportar buenos servicios a la recta educación sexual.
“Como una realidad subsidiaria ha de actuar con la anuencia y la cooperación de la familia educando integralmente al alumno y ayudándolo a integrar debidamente la sexualidad.
“Además de esta educación genérica incumbe a la escuela hacerlo también de una manera más específica, informando científicamente sobre el tema a nivel biológico y psicológico sin omitir el moral, de acuerdo siempre con los padres y evitando con extrema delicadeza que no se susciten problemas nuevos y graves, antes de resolver los ya existentes. Esto último es muy posible y de alta responsabilidad.
“Está en juego el bien común de la sociedad: una comunidad humana que no alcance un grado suficiente de adhesión a valores morales fundamentales como son, en este caso, los relativos a la sexualidad y a la familia se autodestruye”
“La educación sexual de hace años tuvo sus errores. Pero hoy algunos llaman educación sexual a lo que es pura pornografía.
“El libertinaje sexual es peor que la represión.
“Las aberraciones sexuales se difunden alarmantemente. Y es que el hombre necesita una ética, una norma moral. Su conducta no se regula por el instinto, como en los animales que nunca comen si no lo necesitan, ni engendran fuera de los tiempos de celo”
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