Desayuno con tiros (*) Un chico de cinco años está sentado tranquilo, tomando su desayuno, frente al aparato encendido de TV. Mientras come su tostada, el Coyote de un dibujo animado cae en un profundo precipicio. Lo sigue una roca enorme que aplasta su cabeza, hasta dejarla chata. Algo perturbado, el niño toma el control remoto y cambia de canal. Encuentra un pato que se está disparando en el pico con un revólver. Aparentemente el pato creía que el revolver no estaba cargado. La bala estalla y le vuela el pico... que continúa hablando desde el piso. El chico no termina su desayuno. Aún varios años después de este episodio, cada vez que ve un pato en una granja o en el zoológico recuerda la
imagen del pico hablando desde el piso.
Las imágenes de la televisión son más poderosas que las de la realidad. Sobre todo si el medio usa sus propiedades técnicas para acentuar cada escena. El monto total de
violencia televisiva que acumulan los niños a lo largo de su infancia llega a cientos de miles o millones de imágenes, reunidas pacientemente día tras día. Posiblemente, cuando llegan a la pubertad, hayan visto mucha más agresión (filmada) que un veterano de guerra
Mundo hostil El efecto acumulativo de docenas de descripciones diarias de violencia puede crear una imagen del mundo como un lugar más hostil que lo que realmente es. Una visión de las sociedades humanas donde prima la agresión. El mundo que la televisión describe y logra hacer parecer "realista" tiene una serie de distorsiones cotidianas:
• Sobredimensiona la violencia social, mientras que minimiza el cumplimiento de la ley.
• Excluye de la imagen a los ancianos, los discapacitados y otras minorías.
• Exagera la relación que tiene el éxito social y las conquistas sexuales con la adquisición de artículos de consumo.
Para los adultos, estas exageraciones contrastan con su propia experiencia cotidiana, a la que se remiten para comparar; tienen acceso a otros
medios de comunicación de masas y a la opinión de amigos, parientes y vecinos, que les permite balancear los impactos tendenciosos de la TV.
Pese a estos filtros, parece existir un cierto grado de inoculación o cultivo. Así llaman los especialistas a la infiltración insidiosa de ciertas perspectivas del mundo. La presión continua de la distorsión en la cantidad y la calidad de las imágenes de la sociedad modifican la visión del mundo que van construyendo todos los televidentes.
La TV y la vida Distintas investigaciones han demostrado que la TV influye, a corto y largo plazo, sobre las perspectivas más generales acerca de la existencia que se forma su audiencia. El "mundo" que esperan encontrar, fuera de sus casas los telespectadores "pesados", es mucho más violento y agresivo que el que imaginan los televidentes "livianos".
Estas expectativas seguramente condicionarán un comportamiento más defensivo, que ellos llamarán "realista" o "precavido". Finalmente, es posible que cada tipo de televidente construya con sus actitudes un mundo de interacciones que se parezcan a sus fantasías. En alguna medida, ese "mundo" corroborará sus predicciones y las de la pantalla.
Los niños eligen los medios que prefieren. En este momento eligen la televisión por sobre los libros, la radio o las historietas. Los chicos miran televisión con el desayuno, con la merienda y a veces se van a la cama con el televisor prendido. La relación de los niños actuales con la pequeña pantalla es una relación íntima.
Los medios cuentan la historia a su manera, y los niños deben realizar diversos actos mentales para extraer el significado de los mensajes. Ningún medio permite la pasividad intelectual. El entrenamiento que los pequeños desarrollan al descifrar los mensajes de la televisión, les sirve además para diversas cosas de su vida.
(*) Extractado de "Papá ¿Puedo ver la tele?" de la Dra. Graciela Peyrú · Edit. Paidós, Buenos Aires, 1993
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