¿Qué sentido tiene la educación? ¿Meramente pasar por algunos exámenes y obtener un buen empleo? ¿O es la ciencia que permite
comprender la vida como un todo? Si ignoramos la dimensión de misterio y continua demanda de aprendizaje, propia de la existencia, y confinamos la mente del niño al esquema cerrado y utilitario, estropearemos su natural
sensibilidad y lo condicionaremos para que funcione en la sociedad conforme a los patrones mentales de quienes detentan el poder y la autoridad. Si no nos permitimos a nosotros mismos, como adultos, investigar en nuestros propios
condicionamientos, continuaremos condicionando las mentes de los niños y de los jóvenes con nuestros prejuicios, supuestos y supersticiones.
La esencia de la educación es educir o permitir que surjan del interior del ser humano su especial sensibilidad y su poder creativo, y de ninguna manera programarlo para obtener ciertos índices de escolaridad, desnaturalizando la sensible mente de los niños. Deberíamos preguntarnos qué es lo que buscamos con el afán de impartir instrucción y llenar la mente de los pequeños con datos incidentales y baladíes, en lugar de proporcionarles el estímulo y la confianza necesarios para que se valgan de sus propias aptitudes, para que realicen por sí mismos una visión proactiva de la vida.
Krishnamurti, a lo largo de sus pláticas, ensayó sobre el tema de la educación, y fue tan a fondo, que, con el tiempo, creó Escuelas y Colegios, orientados a atender los requerimientos de los niños y los jóvenes, sin reducirlos a factores del mundo laboral que son adiestrados conforme a pautas diseñadas por oscuros burócratas, que elaboran los programas educativos con prescindencia del interés común de la humanidad de que el hombre se deshaga de sus condicionamientos y actúe con plena libertad de elección y responsablemente.