Este libro publicado en 2004, bien podría llamarse
Desmitificando la Globalización, ya que pone en
evidencia muchos mitos sobre los males de la globalización. El lector no versado en teoría económica puede beneficiarse de una sencilla explicación balanceada con el rigor en sus fuentes, en su acopio de evidencia empírica y en el peinado de la bibliografía pertinente.
Las conclusiones principales de sobre los
efectos de la globalización se pueden resumir en lo siguiente:
— Al mismo tiempo que se ha acelerado la globalización durante las últimas dos décadas, se ha dado una muy significativa reducción mundial de la
pobreza absoluta.
— No obstante el "enorme crecimiento de la población en los últimos veinte años, la reducción de la pobreza en términos relativos ha sido espectacular".
— Es interesante notar la diversidad geográfica de estos efectos: donde no se aprecian disminuciones en la pobreza absoluta y relativa es en África, y con efectos leves, Latinoamérica. La primera sin reformas estructurales en su conjunto y la segunda con pocas reformas, algunas mal instrumentadas y en todo caso, con gran lentitud en su andar.
— Por lo que respecta a la desigualdad, la conclusión es que ha tenido una ligera disminución y que, en los países en los que ha aumentado, como en China y la India, se debe a que ha subido relativamente más el ingreso de las personas de mayor capacidad económica, y no porque se haya empobrecido el resto de la población.
— Otro argumento es que la globalización ha creado emporios empresariales con un poder superior al de los Estados. Los hechos ciertamente no corroboran esa opinión: la Comunidad Económica Europea ha impedido fusiones y dictado medidas de competencia que han afectado a corporaciones internacionales de las de mayor tamaño; lo mismo ha sucedido tratándose de autoridades reguladoras de Estados Unidos, en ambos casos con efectos incluso extraterritoriales. La regulación o soberanía de otros Estados tampoco se ha visto impedida para dictarle normas a la inversión extranjera.
— También aborda el
autor, la acusación relativa a la explotación de la fuerza trabajadora de los países emergentes. Sin duda que la inversión ha fluido hacia lugares en donde, además de otras
condiciones, es competitivo el costo de la mano de
obra. La pregunta pertinente no es, sin embargo, si se está aprovechando el bajo costo de la mano de obra, sino qué ha sucedido con el bienestar económico y los salarios de esos trabajadores. La evidencia empírica recopilada muestra que las empresas extranjeras "pagan salarios más elevados que los de las empresas nacionales y sus condiciones de trabajo son siempre mejores que las generales de los países donde se ubican, además de darles a sus empleados más formación y mejores condiciones de retiro".
— Sin embargo, no todo es color de rosa en el entorno del comercio internacional y de la globalización. Los gobiernos de los países desarrollados perjudican a los trabajadores más pobres del resto del mundo, a través de barreras al comercio en productos agrícolas y de los subsidios a sus agricultores, y de la reducción que ha tenido la ayuda oficial a los países más necesitados. Pero el autor hace
ver que estas políticas de los países desarrollados no tienen que ver con la globalización, sino con la falta de la misma.
¿Qué advertencias o recomendaciones contiene la obra? Una sobre los peligros de una rápida apertura de la cuenta de capitales. Quizás éste sea el único aspecto en el que tendríamos una diferencia de matiz con el autor. Nos parece que la multitud de crisis que hemos presenciado durante los últimos años, digamos a partir de las de Chile y México en 1982, tienen que ver con el mantenimiento de tipos de cambiofijo combinados con uno o dos de los siguientes elementos: la pobre supervisión de la banca o los déficit presupuestarios, o ambas condiciones. Dadas estas dos condiciones, las crisis habrían aparecido aun sin apertura al movimiento de capitales
Otro señalamiento del autor tiene que ver con las privatizaciones. Él critica el uso del producto de la venta de activos públicos para financiar gasto, y no para retirar deuda pública, así como la creación o mantenimiento de monopolios a partir de las nuevas empresas privadas.
Una lección más de este trabajo es que las barreras a la globalización, tales como los aranceles, controles cuantitativos, reglamentación asfixiante, límites a la inversión extranjera, etc., equivalen a la acción de los partidarios del ludismo del siglo XIX, que destruían la maquinaria moderna con el objeto de mantener los empleos.
En suma, por la riqueza de material informativo y su inteligente argumentación, así como por su trascendencia, sin duda la obra es lectura recomendada para todos los interesados en las políticas públicas.
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