• Registro
  • ‎¿Qué es Shvoong?‎
  • Iniciar sesión
    Iniciar sesión
    Recordar mi nombre de usuario ¿Olvidó su contraseña?

Síntesis y críticas breves

.

.

Economía y Cultura.

por : sinopticom    

Autor : Sinopticom

En el denso tránsito de las grandes ciudades latinoamericanas de hoy, un automovilista intenta ganar
un par de metros. El irritado conductor por poco atropella a un obrero de la construcción. El hombre esquiva el golpe y el automovilista para en seco. Tras el intercambio de miradas ofuscadas, el peatón lanza un grito altisonante. La cosa termina en un susto. Nada extraordinario habría en este episodio cotidiano, excepto la manera en la que el peatón increpa al conductor. El joven albañil, en vez de aludir a la madre del interpelado, le espeta en perfecto estadounidense: fuck you!  El caso, generalmente se celebra como un simple detalle jocoso. Sin embargo, la despreocupación con que el incidente es contemplado entraña un problema profundo. Es decir, la escasa relevancia que ha representado la cultura como factor de cohesión ideológica y social, así como de bienestar y riqueza.  
En 1983 Benedict Anderson en su libro “Imagened Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism,  definió la nación como "una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana". Para dicho autor, el elemento imaginario es sinónimo de creación social, no de falsedad. Para él lo que en el fondo determina que dos individuos se asuman como parte de una misma nación es simplemente su voluntad de imaginarse así. ¿Qué consecuencias políticas, sociales, económicas, culturales o incluso de seguridad nacional, puede tener el hecho de que el discurso anglosajón esté determinando no sólo la racionalidad sino, sobre todo, la irracionalidad de los sectores populares de la nación? ¿Se debe asumir esta circunstancia como un riesgo a la cohesión nacional?  
En el mundo actual la importancia de los productos culturales como generadores de riqueza económica y bienestar social cada día es mayor. En Estados Unidos, su participación en el PIB supera el de la industria bélica y en México, Brasil o Argentina alcanzará si mucho el 7%. Sin embargo, es necesario comprender que la realidad es una construcción social y que en lo ideológico los productos culturales son capaces de conformar el modo en que individuos y colectividades realizan la construcción de su(s) realidad(es).  
Dicho de otro modo, un libro, una película, un disco, un programa de televisión o una emisión radiofónica comparten con un tornillo o una tuerca su cualidad mercantil. Pero su diferencia fundamental estriba en el altísimo poder simbólico de los primeros. De lo anterior resulta que la calidad social de un tornillo o una tuerca y la de un libro, un disco o una película sea enteramente distinta. Por más necesarios que sean, la tuerca y el tornillo jamás tendrán un impacto directo sobre el modo en que la nación –diría Anderson– imagina sus límites y su soberanía.  
En el mundo contemporáneo no hay país que pretenda tener influencia y que no posea una industria cultural poderosa. Por esa razón los países desarrollados asignan un lugar especial a sus industrias culturales en los tratos comerciales con el mundo. La articulación entre las políticas educativa, económica, comercial, cultural y exterior conforma una estrategia cuidadosamente planeada y ejecutada que, en última instancia, redunda en cohesión social, desarrollo económico, expansión comercial e influencia política internacional. La cultura les representa un elemento estratégico en lo político, lo económico y lo social.  
En términos generales la identificación nacional e internacional sigue vinculada a los estereotipos generados a mediados del siglo XX, precisamente por los productos de las industrias culturales de los países latinoamericanos que la poseían y que determinaron la construcción de su propia percepción, así como la percepción que los demás (centro o periferia) tuvieron y siguen teniendo.   Ahora en el siglo XXI, ¿cuál es la imagen que loslatinoamericanos  desean de ellos mismos?, ¿cuál es la imagen que se quiere proyectar al mundo?, ¿sobre qué base los mexicanos, brasileños, argentinos etc. se seguirán imaginando mexicanos,... etc. O latinoamericanos?  
Hace falta sin duda, aplicarse a la tarea de iniciar (en la mayoría de los casos) la  adecuación a los procesos económicos planetarios. Donde los ha habido, ha sido difícil mantener la pesada carga de subsidios oficiales dispensados. Y como se dice, se juntó el hambre con las ganas de comer: la incapacidad de la nueva burocracia formada en las disciplinas (no sólo económicas) para percibir la relevancia estratégica de la cultura, sólo fue equiparable a la incapacidad de la comunidad artística e intelectual para ver en la economía y en el comercio una ventana de oportunidad igualmente estratégica y conveniente para sus propios intereses.  
El resultado de este desencuentro es elocuente en el caso de los países con industria cultural. En los últimos veinticinco años, parece que se desmanteló la industria cinematográfica, quebraron las distribuidoras de películas, se fortaleció el monopolio de la industria televisiva y radiofónica y, sin embargo, no producen más del 5% de su propia oferta en pantalla. Hoy pagan a las grandes transnacionales discográficas los derechos de reproducción de las canciones y melodías latinoamericanas por excelencia. Adicionalmente, de ser los polos editoriales en lengua castellana (salvo Brasil), hoy son  importadores de libros españoles.  
Después de todo, no resulta extraño que un joven obrero opte por codificar su ira en la jerga urbana estadunidense.  
Publicado el: septiembre 23, 2007
Puntúe esta sinopsis : 1 2 3 4 5

Bookmark & share this post

.