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Un Pueblito Llamado Perú

Autor : NN
Resumen por : Lolo3956
Visitas : 23  palabras: 900   Publicado el: abril 03, 2008
Nota de Redacción: Esto fue escrito a mediados del 2003. Valgan verdades, muchas cosas siguen igual en mi querido Perú.


Que pena  que muchas  cosas sean verdad, que pena que no seamos capaces de ser  honorables . Qué lástima que  nuestra realidad sea tan pobre... y siempre se imponga;   pero es aun más triste ver un pueblo  sin valores, simplemente mediocre ...... en su gran  mayoría .

No hay pueblito en el tercer mundo más simpático que  éste. Un lugar donde sólo se cuecen habas y chismes calientitos para que sus  ciudadanos tengan algo de qué hablar durante el día.

Un Estado de novela mexicana, que espera sentado en una  dorada silla de ruedas, el ansiado milagro que le haga andar hacia el  progreso.

Una Nación que admira abiertamente la picardía de sus  líderes y cosecha los  infortunios de sus malas decisiones.

Ricas montañas, hermosas sierras, risueñas playas, así  es mi Perú. Mi hermoso terruño es único. Su cultura es la chicha  fermentada y su estandarte la informalidad.

Aquí hacemos lo que queremos y si alguien nos lo  impide, acudimos al Poder  Judicial para que legalice nuestros más oscuros deseos  y nos entregue  nuestra ansiada acción de amparo.

Por eso, las combis asesinas circulan por donde se les  da la gana y las papeletas contra estas se convierten en papelones,  porque nunca se hacen efectivas.

Por eso, los locales nocturnos trabajan en medio de  precarias condiciones,  esperando algún pequeño percance, de por lo menos 30 muertos, para  comprobar las deficiencias de sus sistemas de  seguridad.

Por eso, hasta los amigos de "El Doc" alistan sus  pedidos de Hábeas Corpus  para no sentirse desamparados ahora que la libertad les  es angosta y  ajena.

En mi querida patria, la viveza es madre de todos los  vicios. Es un legado  histórico y patrimonio de todos los peruanos, sindiscriminación de raza,  credo, color o billeteras.

Acá, todos pirateamos cable, falsificamos documentos y  sobornamos a jueces  y policías.

Evadimos impuestos, nos pasamos la luz  roja, evitamos las  colas  con un tarjetazo y nos cagamos de risa del tonto que  las hace.

Nos enfurecemos cuando nos asaltan, pero disfrutamos  cuando compramos en Las Malvinas, porque allí lo robado es más barato.

En este país, el rico y el pobre, el cholo y el gringo,  el pituco y el huachafo son iguales bajo el sol y la sombra.

Por eso admiramos a Alan García, maestro de maestros,  primero en las encuestas de opinión y casi seguro Presidente de la  República en el 2006.

Ya no nos interesa los bancos, mutuales, cooperativas y  empresas que hizo quebrar, ni los actos de corrupción que se registraron  en su gobierno. Lo que vale es su verbo florido, sus petulantes poses, su  mirada maligna y su  conchudez política súper ultra extrema.

Por eso rezamos para que Alberto Fujimori, el samurai  fugitivo, regrese a Perú para que nos salve de la recesión y el caos  económico que él mismo creó. Ya se oyen los coros de la salvación: ¡con el  chino estábamos mejor!,  porque no había cholo que nos joda. "Y pensar que la  pasábamos tan bien  sin fiscalización, ni control".

El Palacio de Justicia era nuestro y éramos amigos de  los amigos de El Doc", habrá exclamado más de un indignado ninja  acriollado. Somos vivos, seámoslo siempre.

No se olvide que mi país está lleno de ciudadanos de  gran coraje, peleles en dictaduras, pero rebeldes en democracias. De  valientes, como los miembros de las barras bravas, de osados, como las  pandillas juveniles, y hasta de ladrones de película, como Django, la otra  cara.

Nos gusta el chisme barato y los pormenores de la vida  ajena, para darle un  toque de sentido a las nuestras. Llegar al almuerzo sin  material para rajar, es horrible. Por eso veneramos a Magaly Medina y  a Laura Bozzo, santas e intocables patronas de la televisión virginal.  También cantamos con Ricky Martin para dejar atrás el pasado y bailamos  la Asereje para abandonar el presente.

No nos interesa mejorar nuestro entorno, ni la  política, pero seguimos paso  a paso las telenovelas enlatadas para seguir creyendo  que nuestros problemas se resolverán con un milagro.

Y para tener siempre en alto nuestro fútbol nacional,  nunca nos perdemos los manidos goles de Cubillas, Cachito y Casareto.

Esta es mi tierra, así es mi Perú. Todos dicen que la  aman, pero nadie la respeta. Todos están orgullosos de ella, y sin embargo  nadie la honra.

No hacemos nada por salvarla y todos los días despertamos  listos para seguir acabando con ella.

Pero allí nos ve el 28 de julio con nuestra escarapela  rojiblanca en el pecho y falso patriotismo.

El 29 compramos Inca Kola, nuestra bebida de sabor  nacional, y comemos cebiche en casa de los amigos. Sacamos las cervezas  para festejar hasta el  amanecer y el CD de Eva Ayllón para gritar como nunca  estoy enamorado de  mi  país. Y el 30, ¡que siga la jarana! Haz algo por tu  país hoy!


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