No es sorprendente que los diamantes hayan sido tratados como algo divino, después de todo, sus propiedades
eran algo que el hombre nunca había visto antes. Debido a estas propiedades los antiguos hindúes utilizaban diamantes para hacer los ojos de sus estatuas religiosas.
El Sutra del diamante (868 A.C) describe algunas de las enseñanzas del Buda e incluye un pasaje que dice que “una espada de diamante cortara a través de las ilusiones mundanas e iluminara lo que es real”.
Incluso hubo un tiempo que los cristianos se rehusaban a utilizar diamantes como joyería, por la gran asociación con amuletos paganos. Esto resulto en que los diamantes fueran escasos en la Europa cristiana por casi un milenio entero.
También se creía que los diamantes daban al portador ciertos poderes sobrenaturales. Entre estas supersticiones esta que un diamante ayudaría a guiar a un soldado a la victoria, sin importar cuantos enemigos enfrentara, que las plagas serían alejadas y que operaría como un imán para atraer fierro.
Gracias a su legendaria propiedad de ser indestructible, se pensó que el diamante sería dañino si se tragaba, pulverizar los diamantes hasta hacerlos polvo y luego dárselos de comer a victimas indefensas era un forma favorita de envenenar en intrigas cortesanas. Aunque si el resultado de la muerte era por los diamantes o algunos de los demás ingredientes agregados al veneno es cuestionable. Hoy, no hay ninguna evidencia que sugiera que el ingerir diamantes sea fatal, sin embargo el polvo de diamante puede abrir agujeros en el tracto intestinal.
Por otro lado, se ha dicho que el diamante aumenta tu confianza y pureza. Aunque estaban implicados en complots de muerte, también se creía que tenían capacidades curativas
En el año 1200 el Rey Luis IX de Francia promulgo una ley que decía que los diamantes solo podían ser utilizados por el rey, así comenzó el viaje de los diamantes para convertirse en símbolos de riqueza y estatus.