La castidad, y el celibato son opciones de vida que la Iglesia exige a todos sus presbíteros y obispos. Otra cosa son las
dificultades que hoy en día se dan para vivir plenamente el celibato tal y como la Iglesia católica lo entiende. Pero, esto no quita para que haya
sacerdotes que lo sepan y lo puedan vivir, independientemente de su inclinación sexual.
Es una lástima que la Iglesia piense que las tendencias
homosexuales “profundamente arraigadas” sean objetivamente desordenadas y que por lo tanto esas personas se encuentran en una situación “que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres”.
Sobre la cuestión homosexual la Iglesia debería dejar de lado su disfrazada hipocresía, que por una parte cierra puertas y por otra pide la acogida y el respeto, evitando cualquier tipo de discriminación hacia las personas con tendencias homosexuales.