El "Héroe de las Mil Caras" es el ser humano. Con su juego de máscaras más o menos colorido y seductor,
a lo largo de la historia de la civilización ha graficado en mitos y leyendas de todo carácter su vocación teatral y ritual, asumiendo la investidura de las cariátides en las columnatas de los templos helenos, o el ambiguo aspecto del centauro. Es a la vez el codicioso Rey Midas y el Minotauro monstruoso en el centro del laberinto de la mente, en el teatro de los delitos del yo egoísta. Las múltiples máscaras conque la humanidad se ha disfrazado, dando forma a una
cultura imaginativa y recargada, el problema de la actividad proyectiva de la mente humana, los íconos y emblemas del hombre, los mitos en general, todo ello es recorrido por una de las plumas más formidables en el campo de la mitología y el simbolismo. Junto con La Rama Dorada de Frazer (y quizás Los Mitos del Hombre, de Jung), esta obra contiene elementos invalorables para comprender la actitud a veces mimética (camaleónica) a veces parapsicótica (metafórica) del ser
humano, una entidad que oscila entre presentarse como un dios o un demonio, un héroe y un villano, según las circunstancias. Y para ello cuenta con las "mil caras" que la cultura que él elaboró le proporciona desde oscuras edades inmemoriales.