El sabor de
lo prohibido
Jorge Camarasa
En tiempos que Gobernaba Juan Manuel de Rosas, Buenos Aires era una gran Aldea, allí nació una gran historia de amor, que trágicamente terminó con el fusilamiento de Camila O´Gorman y Ulasdilao Gutiérrez.
En esa época, existían severas normas sociales, sumado a que estos amantes deberían sufrir el miedo, la hipocresía y la política.
Camila O´Gorman, nacida en 1828, tenía dos hermanos, Enrique que fue jefe de Policía y Eduardo sacerdote.
Su figura, delgada, ojos negros y grandes, cabello castaño oscuro, en el cual colocaba un peinetón de carey con la figura del restaurador.
Solía asistir a las grandes reuniones sociales de la época que se organizaban en la casa de Manuelita Rosas.
Comienzo de la relación
Un día llegó desde Tucumán un joven clérigo, llamado, Ulasdilao Gutiérrez, 23 años, designado a la parroquia de la ciudad, y comenzó a tratar a Camila, que concurría a la iglesia donde daba catecismo.
Fue allí donde el amor prendió en ellos posiblemente contra su voluntad.
Toda la vecindad los empezó a ver juntos paseando por la vera del río, o por la arboleda de la Recoleta, alejados de todo ese ambiente que luego los cuestionaría por no conservar las buenas costumbres, donde prevalecía la moral y no se permitíatransgredir las normas de la Iglesia.
Un día, ese amor tan fuerte los obligó a escapar para vivir juntos, corría el año 1847.
Este acontecimiento, fue aprovechado por los unitarios que desde Montevideo empezaron a fogonear al gobierno de Rosas.
El Comercio del Plata, editado en la vecina orilla por Valentín Alsina, el 5 de enero de 1848, publicó la noticia sobre este hecho echando las culpas a “la escuela de Palermo” donde estaba la quinta de Rosas.
En Buenos Aires, pasado el escándalo, empezaron a echarse la culpa entre los diferentes representantes de la sociedad, las autoridades religiosas hicieron una denuncia a Rosas, manifestando Felipe Elortondo y Palacio, a cargo de la Curia, que él no era responsable del nombramiento, calificando al cura en su huida como “un horrendo atentado de aquel desgraciado”.
Mientras tanto, la pareja había llegado a San Fernando y pocos días después se embarcaron en la goleta, llamada Río Oro. En la que invocaron otros apellidos, como Máximo Brandier y Valentina Desan.
Llegaron a Goya, pequeño pueblo de Resistencia, donde fueron bien recibidos por el Jefe de Policía, el coronel Simón Payba, enterado éste que los Brandier podían enseñar a leer y escribir. Donde, más tarde, fundarían el primer establecimiento educacional de la villa.
Una noche en la que el juez de paz celebraba una fiesta, los “maestros” fueron invitados, Gutiérrez, fue reconocido por Miguel Gannon, un sacerdote sobrino del almirante Brown, que luego los denunciaría siendo Camila y Gutiérrez detenidos, y llevados a Buenos Aires.
Los diarios de la época se hicieron eco de esta noticia, escribiendo el Comercio del Plata de Montevideo: “Se sabe que las cancillerías extranjeras han pedido al criminal gobierno que representa a la Confederación Argentina, seguridades para las hijas de los súbditos extranjeros”.
En el Mercurio, de Santiago de Chile, en el que escribía Alberdi y Sarmiento, se hablaba de “la horrible corrupción de las costumbres bajo la tiranía espantosa del “Calígula del Plata, sin que el infame sátrapa adopte medida alguna.
Adolfo O´Gorman, padre de Camila, le escribió a Rosas, entre otras cosas, le suplicaba que contemplara la situación en la que se encontraba su hija, haciendo hincapié que él también era padre.
Rosas haciendo caso omiso, a tener clemencia, se aferró a un fundamento jurídico, que figuraba en Las Leyes de Indias que decía: “robando algún hombre, mujer viuda de buena fama o doncella o casada (…) si le fuere probado en juicio, debe morir por ende”.
El 17 de agosto de 1848, Rosas firmaba la orden de ejecución de Uladislao Gutiérrez y Camila O´Gorman.
Si bien la ejecución de Gutiérrez estaba contemplada en Las Leyes de Indias, la de Camila no, pero los juristas de Rosas, decían “que para los sacrílegos correspondía pena de muerte”.
El 18 de agosto, el Secretario de la Gobernación, comunica a Gutiérrez la decisión tomada, el cual le manifiesta si Camila correrá la misma suerte. Contestado que sí, el cura le escribió unas líneas a su mujer. “Camila mía: acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la Tierra unidos, nos uniremos en el Cielo ante Dios. Te perdona y te abraza tu Gutiérrez”.