El 13 de diciembre de 1989, día histórico para esta nación, De Klerk se entrevista por primera vez con el director del movimiento ANC[1], Nelson Mandela, para concertar las acciones a seguir por parte del gobierno y el ANC para la liberación de aquél que a la sazón cumpliría 28 años de prisión. El 2 de febrero de 1990 el ANC es declarado legal, además del Partido Comunista de Sudáfrica y treinta grupos políticos más. Para el 11 de febrero, se concreta la liberación de Nelson Mandela sin condicines y empieza la puesta en libertad de cientos de presos políticos.
El proceso de transición resultó complejo, ya que el gobierno tuvo que darse a la tarea de convencer a los opositores de las reformas para que aceptaran pacíficamente los cambios por el bien de toda la nación, y la ANC tratar de consolidar un verdadero parlamento africano que atendiera los intereses de los pueblos olvidados, respetando sus costumbres y raigambre cultural, proceso en el que las inconformidades han sido la orden del día y que en innumerables casos se tradujeron en enfrentamientos armados en las regiones, dejando un saldo de cientos de muertos, hasta 1991 en que las conversaciones entre las partes se formalizaron en el llamado Documento para la Democratización de Sudáfrica, aboliendo definitivamente el Apartheid y estableciendo nuevas reglas de juego básicamente de orden político (electoral) e institucional.
El apartheid ha dejado secuelas difíciles de subsanar, ya que favoreció un desarrollo cultural desigual entre los distintos grupos raciales y étnicos, que históricamente se conservan separados y aislados y que no son incluidos hasta nuestros días en el proyecto de configuración de nación libre que tanto resalta Mandela. Lo mas preocupante para la preservación de la multiculturalidad sudafricana, es que la industrialización y el desarrollo económico del país y la inserción de la población negra en los estándares de la economía de mercado ha llevado a que en buena parte de la población, la cultura inglesa (inspiradora del racismo en aquellas tierras) bajo el influjo del capitalismo, con su sofisticación y aparentes buenas maneras, emerja como el ideal de amplios sectores de la población entre los que se cuentan los Bantues, dejando de lado el legado de sus ancestros, festividades, prácticas religiosas, concepciones de familia ampliada etc., por la visión liberal y de corte cosmopolita del mundo que incluso en muchos casos implica la perdida de la lengua nativa por el idioma de moda (ingles) en las nuevas generaciones de sudafricanos.
El estado l sudafricano de hoy vive a la luz de la comunidad internacional en absoluta armonía, porque se tiene la percepción de haber construido una entidad política autónoma , pero que en el fondo continua segregando aunque de manera algo simulada; el investigador Frederik Barth (1969) trabajo sobre este tipo de temáticas argumentando que en el mundo moderno antes que la coexistencia pacifica entre grupos étnicos, en donde las diferencias son reconocidas, se respetan los nichos ecológicos y los diferentes modos de vida sin competir, se encuentra el modelo denominado crisol (meeting pot, en inglés), que consiste en que los grupos étnicos abandonan sus tradiciones culturales a medida que se ven forzados a mezclarse en una cultura nacional o internacional dominante. Es el caso mismo de Sudáfrica, el control que no logro el apartheid sobre los grupos tribales sudafricanos, lo esta logrando por medio de la imposición cultural de orden individualista y consumista del capitalismo promovido desde Londres y Washington, en un proceso de asimilación que puede denominarse colonialismo cultural y que abarca no solo las prácticas de facto, sino los imaginarios de las comunidades que tienden a replicar ya no sus propios desarrollos autónomos sino lo que les es inferido y referido por las metrópolis.
Asociado lo anterior es el de la etnicidad[2], que se basa en las similitudes y/o diferencias culturales propias de una sociedad o nación, desde el texto se aclara que se puede hablar de etnicidad cuando las personas exigen para si un tipo especifico de etnicidad y otros reconocen esa etnicidad; en Sudáfrica aunque no puede afirmarse categóricamente que halla una generalizada desafiliación en los distintos grupos étnicos, si es patente la fuerza del sistema capitalista que promueve la exclusión social de los grupos que no operan en los términos de la sociedad de consumo, aun mas, es importante la posición o rol que se desempeña en la sociedad, estimulando la competencia, algo no propio de los grupos tribales africanos, puestos de trabajo, educación universitaria occidental etc., han empezado a minar la fuerza de las tradiciones abrumadoramente.
Las necesidades de la población en general continúan insatisfechas, pero el reparto de tierras entre lo que se pudiera llamar la clase aristocrática emergente negra y su inserción en el capitalismo, ha calmado la “preocupación” de la comunidad internacional por las discriminación en África, hoy el derecho a ser, pensar y actuar con autonomía esta en riesgo, las manifestaciones culturales han entrado en ese flujo mercantilista que busca atraer turismo e inversión y sirven para mostrar la diversidad de una nación (Copa del Mundo FIFA, Sudáfrica 2010), así para la mayoría (mayoría cuya única conquista fue la igualdad constitucional y el voto) el desarraigo, la minusvaloración de sus capacidades y de los atributos de grupos históricamente constituidos se mantiene, con tendencia a perpetuarse.
[1] Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés).
[2] Manual de Kottak. Etnicidad y Raza Capitulo 5, Frederik Barth (1969)