"EL PLANETA TIERRA VA A SER RECICLADO PRONTO. SI PIENSAN SOBREVIVIR DEBERÁN ACOMPAÑARNOS AHORA – ¿PERO QUÉ VACILAN?
- ¡YA VÁMONOS!" Últimas palabras de Ruth y Billy Graham
Cuando un grupo de individuos resuelve morir colectivamente, más vale que se preparen bien: ropa adecuada para el sepelio, maletas hechas, rol de asuntos pendientes, grabaciones de las despedidas, más una que otra fórmula para acelerar la muerte.
Hace treinta años, un espantoso revoltillo de cadáveres apiñados uno encima del otro fue descubierto en Jonestown, Guyana. Tétricamente se podía apreciar cuál había sido su proceder. Lejos de presentar un modo sereno de eliminarse, aquel suicidio en masa era testimonio de la manera más conmocionada e indecorosa de acudir en pos del Creador.
California, agosto 2007. En los exteriores de la espaciosa mansión Rancho Santa Fe, rodeada de buganvillas en plena flor, 39 cadáveres se hallaban recostados de espaldas sobre literas y colchones, cuán especímenes de laboratorio clavados ordenadamente sobre tablas. Cada cadáver vestía pantalones negros, amplia camisa negra, flamante calzado deportivo negro. Sus rostros cubiertos con telas púrpuras, cuan mortajas propias de cristiano arre-pentimiento. Los anteojos se hallaban meticulosamente doblados junto a los cuerpos de quienes los habían utilizado. Cada uno portaba sus documentos personales para simplificar las tareas legales a las autoridades. Lo que más llamó la atención fue que la casona se
encontraba inmaculada, mucho más ordenada de lo que estaba antes de que los ahora difuntos inquilinos la habitaran. Parecía como si en preparación a su muerte los miembros de aquella congregación, conocida por todos como el culto de ‘El Portón del Cielo,'' habían obrado según las enseñanzas del profeta Isaías: "Pon tu casa en orden pues en breve habrás de morir y dejarás de habitarla." Aunque las vícitmas pudieron haber estado convencidas que sus cuerpos constituían tan sólo meros "recipientes" que debían dejarse atrás -pues seres extraterrestres vendrían expresamente por ellos- ante los aguaciles del comisario, quienes fueron los primeros en descubrirlos, se
encontraban cadáveres, que sin duda eran reales. Los restos de 21 mujeres y 18 varones, cuyas edades fluctuaban entre los 26 y 72 años, se encontraban en diferentes etapas de descomposición; el olor que se desprendía de éstos sumía a la mansión en una putridez tan intensa, que dos de los oficiales enfermaron hasta el extremo de requerir ser llevados al hospital para descartar la posible inhalación de vapores tóxicos. Según declaraciones del médico legista de la ciudad de San Diego, los místicos fallecieron en tres grupos: una primera tanda de 15, a continuación la segunda de igual número, por último los restantes siete; todos por la aparente ingesta de Fenobarbital mezclado con algo de puré de manzana o pudín, acompañado de un trago de vodka y, para remate, habían introducido sus cabezas en asfixiantes bolsas de plástico. Los últimos dos hombres--esenciales ángeles de la muerte—no portaban mortajas, sus cabezas se encon-traban envueltas tan sólo en las fundas plásticas. Solitario, más allá, en la alcoba principal, sin conocerse aún cuál había sido su lugar dentro de estas desventuradas muertes, se encontraba nada más ni menos que su guía espiritual y maestro, Herff Apllewhite, en cadáver. La magnitud de esta colosal despedida no sólo se regó mudialmente por lo macabro de su coreografía, sino por estar respaldada por abundante cantidad de sorprendente material videográfico, que poco a poco fue saliendo a la luz pública, junto con reveladores datos bajados del Internet.