“MI CULO TIENE
HISTORIA”
Después de leer el artículo sobre la “culocracia”, llegué a una conclusión: mi
culo tiene
historia; no será el culo perfecto, pero tiene anécdotas para contar. Creo- que en esta sociedad “- culista” todas las mujeres nos olvidamos de cuanto valor tiene nuestro
trasero por lo que vivimos, más que por sus atributos estéticos. Mi cola no es grande ni pequeña, mucho menos tersa y dura como un durazno. Es una cola normal, como la de muchas, pero tiene memorias; si mi culo cotizara y fuese premiado por ellas, sería un culo famoso, codiciado, como el de muchas, pero porque trascendió a lo meramente estético, a lo superficial. Se trata de un culo profundo, existencial, que pasó muchas horas aplastado en una silla, para lograr que yo me convierta en una profesional; que tuvo que funcionar y ponerse en marcha y caminar porque no alcanzaba la plata para el colectivo o el taxi. El mío es un culo que trabaja para poder comer.
Compañero y fiel, mi trasero me acompaña en todas y no me deja en banda nunca. ¡¡Hasta fue picado por las hormigas cuando, de pequeña, me senté en la vereda de casa a jugar… sobre un hormiguero!! Culo querido, y también criticado por mí y por aquellos que hacen del culo duro un culto.
Torturado, perseguido, masajeado, ardido por el ejercicio, mi traste supo imponer su naturaleza a mis exigencias y las de una sociedad que pierde de vista lo esencial.
Con tanta historia a cuestas, ahora estoy amigándome con mi retaguardia y valorando sus esfuerzos. Es un culo humano, como el de mi madre, el de mi abuela y el de la vecina. Como el de miles de mujeres que no tienen tiempo de pensar si está caído poceado, grande y muy chico, porque la vida no le dio tregua, ni les dio descanso. Y no pudieron a dedicarse a “congelar” aquel culo de bebé que todos alguna vez tuvimos. Aplaudamos a los culos lindos, sí, pero no nos olvidemos de homenajear a los culos con historia.
Escriba su sinopsis aquí.