La caminata, un nuevo signo.La paz, como anhelo del pueblo
colombiano, tiene un sistema de signos que
van desde palomas gigantes sobre baldosas, muros y caminos hasta agotadoras y nutridas marchas que evidencian al mundo la voluntad inquebrantable de la nación, pero por los efectos que producen estas manifestaciones en los grupos armados causantes de la vergüenza e impotencia nacionales se puede inferir que hay más sensibilidad en viboras y hienas que en aquellos supuestos paladines del pueblo.
Sirva como ejemplo, el 4 de febrero de 2008, es decir, esta nueva forma de mirar la conciencia del pueblo y la inconsciencia de esos sujetos que hicieron del secuestro su mejor arma politica y de la mentira, su filosofía liberadora. Ese río humano que bajo el sol del trópico bañó al país, para que no se pierda el esfuerzo, debe caracterizar el concepto de poder que emana del profundo dolor del pueblo
colombiano. Ante las palabras necias de algunos discursos triunfalistas y ante los oídos sordos de sus destinarios, nos queda otro discurso, que por sus condiciones intrínsecas relacionadas con la angustia popular, obtiene el significado de mandato de quien es la fuente del poder soberano.
Aquí tienen los protagonistas del conflicto la feliz oportunidad de penetrar en este signo, la
caminata, que si para ellos cobra sentido, les dice que deben obedecer las reglas del juego político y con ellas asumir, si es que aún les queda un poco de dignidad y de verdad, el compromiso de liberar a todos los secuestrados sin que medie otra condición que la que el pueblo colombiano, como único soberano, ha ordenado: Hoy mismo.
Mas como el poder enceguece y ensordece, es probable que palomas y ríos sigan engordando a viboras y hienas.