El
movimiento de la anti-psiquiatría surgió, en el final
del siglo XIX, caracterizándose por ser un movimiento que reaccionaba contra las<
BR>estructuras de internados de la psiquiatría. Ese movimiento contrariaba las estructuras confinadas (ambientes donde se trataba a los
locos), pues ellos condenaban la manera como el poder de los médicos se ejercía (sobreponía) sobre los locos – enfermos mentales – los cuales eran tratados aisladamente de la sociedad – no convivían
al lado de sus familiares, no tenían (no recibían) influencias externas; eran tratados como “robots” o incluso como “animales”, pues eran obligados a seguir un régimen médico, les era impuesto un conjunto de hábitos intelectuales y morales que no podían ser violados, eran adestrados a hacer todo lo que les pedían. Este régimen, esta estructura asilar hecha por la psiquiatría, implica una separación entre aquel que tiene el poder y aquel que no lo tiene – el enfermo mental en ese caso era tratado como un ciudadano sin derechos, el médico y los enfermeros podían hacer lo que bien entendían
con sus pacientes con problemas mentales. En la práctica y en el pensamiento psiquiátrico clásico hay una relación de poder que es enmascarada e
invisible.
La anti-psiquiatría viene a contraponer todos estos factores existentes en la psiquiatria, y tiene como objetivo
cambiar este tratamiento del loco, cambiar la forma como él es caracterizado, como él es visto, transformar la relación paciente médico, y del poder que le es dado al médico.
Así como es dicho por Foucault, en el libro “La Micro-Física del Poder”: “La anti-psiquiatría pretende deshacer este juego de relaciones de poder existente en la psiquiatría clásica, dando al individuo la tarea y el derecho de realizar su locura llevándola hasta el fin en una experiencia en la que los demás pueden contribuir, pero jamás en nombre de un poder que les sería otorgado por su razón o normalidad, pero si destacando las conductas, los sufrimientos, los deseos de estatutos médicos que le habían sido conferidos, liberándolos de un diagnóstico y de una sintomatología que sólo tenía valor clasificatorio, pero la decisión y el decreto invalidando en fin la gran retranscripción de la locura en enfermedad mental”.
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