Al comienzo de la década, el gobierno brasileño liberó el petróleo para explotación por empresas privadas. Tras de casi cinco
décadas de monopolio, se abrieron las puertas a la competición externa - y a un salto adicional de tecnología y rentabilidad. Con unas reservas de buen tamaño según los estándares internacionales, Brasil va ganando espacio en el segmento petrolífero a traves de frecuentes descubrimientos de nuevas reservas y de expansión de las
actividades del sector. La meta para la presente década es la
conquista de autonomía en producción de crudo - un objetivo bastante posible ante las buenas reservas y del avance en las actividades de extracción y refino. Además de la importancia de esa conquista para el propio sector, el alcance de la autonomía resultará muy positivo para la economía del país como un todo - así Brasil probará ser menos vulnerable a posibles terremotos externos, algo que, en el caso del crudo, es una constante. Entre los estados con mayor concentración de reservas se destacan Bahía y Río de Janeiro: ambos están creciendo y enriqueciendo con los recursos derivados de la producción y exportación de los valiosos barriles.