• Registro
  • ‎¿Qué es Shvoong?‎
  • Iniciar sesión
    Iniciar sesión
    Recordar mi nombre de usuario ¿Olvidó su contraseña?

Síntesis y críticas breves

.

Shvoong Principal>Ciencias Sociales>Señales: raices de un paradigma indiciario

.

Señales: raices de un paradigma indiciario

por : luisjimenez23    

Autor : Carlo Ginzburg
“Dios está en los detalles”.
A. WARBURG
Hacia finales del siglo X I X surgió formalmente en el ámbito de las
ciencias humanas un paradigma conocido como el “método morelliano”, con el que Giovanni Morelli pretendía ayudar en la atribución a ciertos autores de cuadros antiguos, frecuentemente mal atribuidos o fácilmente falsificados.
Morelli decía que era necesario examinar los detalles menos trascendentes, por ejemplo, los lóbulos de las orejas, las uñas o la forma de los dedos de las manos.
Los libros de Morelli contienen registros de las típicas minuciosidades que acusan la presencia de un artista determinado; este método es comparable con el del detective que descubre al autor de un delito por medio de indicios que a la mayoría le resultan imperceptibles, como el utilizado por Arthur Conan Doyle en las historias de Sherlock Holmes.Wind, siguiendo a Morelli, comenta que “nuestros pequeños gestos inconscientes revelan nuestro carácter en mayor grado que cualquier otra actitud formal, las que solemos preparar cuidadosamente”. Este método es importante, tanto para notar la presencia de un artista como para descubrir copias de las obras que se encuentran en las galerías usurpando el lugar de las originales; nos habla de la importancia de los detalles secundarios, de las peculiaridades insignificantes que el copista no cuida de imitar, en tanto que cada artista los realiza de una manera propia.
El método se halla estrechamente relacionado con la técnica del psicoanálisis. Freud declaró la considerable influencia intelectual que sobre él ejerció Morelli en un periodo muy anterior al del descubrimiento del psicoanálisis.
Se ha expuesto hasta aquí la analogía entre el método de Morelli, el de Holmes y el de Freud. En los tres casos se trata de vestigios, tal vez infinitesimales, que permiten captar una realidad, de otro modo indescifrable. Vestigios, es decir, “síntomas” en el caso de Freud, “indicios” en el de Sherlock Holmes, “rasgos pictóricos” en el caso de Morelli.
El antecedente de Morelli fue el médico Giulio Mancini, quien pretendió a finales del siglo XVII elaborar un método que permitiera distinguir las obras originales de las falsificaciones, los productos de los maestros de las copias, o los de una misma escuela.
Mancini veía una analogía entre el método de análisis de la escritura y la pintura, y por eso insistía en términos como “trazos” o “caracteres” y pensaba que el estudio de la grafía de esos caracteres demostraba que la identificación de la mano del maestro debía buscarse, de preferencia, en aquellos sectores de un cuadro que a) eran realizados más rápidamente, y, en consecuencia, b) tendencialmente más disociados de la representación de lo real.
Sin embargo, la posibilidad de un conocimiento científico riguroso iba desvaneciéndose en la misma medida que los rasgos individuales eran considerados cada vez más pertinentes. En este punto se abrían dos caminos: o se sacrificaba el conocimiento del elemento individual a la generalización, o se trataba de elaborar un paradigma diferente, basado en el conocimiento científico, pero de una cientificidad aún completamente indefinida de lo individual. El primero de esos caminos sería recorrido por las ciencias naturales, y sólo mucho tiempo después fue adoptado por las llamadas ciencias humanas.
Para estas últimas, la imposibilidad de la cuantificación se derivaba de la insuprimible presencia de lo cualitativo, de lo individual; y la presencia de lo individual dependía del hecho de que el ojo humano es más sensible a las diferencias entre los seres humanos que a las que se dan entre las rocas o las hojas, además de que es necesario reconocer que cuando las causas no son reproducibles, existe la posibilidad de inferirlas de los efectos.
Con el auge del capitalismo industrial y la necesidad de salvaguardar la propiedad privada y la seguridad de los individuos, los Estados nacionales requerían de sistemas de reconocimiento de individuos, tanto para la certidumbre en la firma de convenios comerciales como para el buen funcionamiento del sistema penitenciario.
En 1879, Alphonse Bertillon elaboró un método antropométrico basado en medidas corporales y propuso complementar su método con un “retrato hablado”, pero este método era muy complejo e impráctico; tiempo después, Francis Galton propuso un método de identificación mucho más sencillo, tanto por lo que se refería a la recopilación de datos como a su clasificación. El método estaba basado en las huellas digitales.
Dicho método de clasificación tiene como antecedente la propuesta hecha por el fundador de la histología, Purkyne, quien desde 1823 afirmaba que no existen dos individuos con impresiones digitales idénticas, por lo que esta peculiaridad era digna de tomarse en cuenta.
Además de dar una contribución decisiva al análisis de las impresiones digitales, Galton vislumbró también sus implicaciones prácticas al hacer reconocible a cualquier individuo.
La idea de que si la realidad es impenetrable, existen zonas privilegiadas –pruebas, indicios– que permiten descifrarlas, que es lo que constituye la médula del paradigma indicial o sintomático, se ha venido abriendo camino en los más variados ámbitos cognoscitivos y ha modelado a fondo las ciencias humanas.
Concluimos con una reflexión: ¿puede ser riguroso un paradigma indicial? Y la respuesta muestra que la orientación cuantitativa y antropocéntrica de las ciencias de la naturaleza, desde Galileo en adelante, ha llevado a las ciencias humanas a un desagradable dilema: o asumen un estatus científico débil para llegar a resultados relevantes, o bien un estatus científico fuerte para llegar a resultados de escasa relevancia.
Publicado el: noviembre 06, 2007
Puntúe esta sinopsis : 1 2 3 4 5

Bookmark & share this post

.