“DE JOSÉ MARÍA LUIS MORA A PABLO BENITO JUÁREZ
GARCÍA”
Los datos evocan el tiempo de aquellos iniciadores de
la Independencia
de México: Hidalgo, Allende; y los primeros
luchadores que querían una
nueva nación.
Todos ellos consideraron que
había la suficiente capacidad para proclamar su propia vitalidad, su propia
nación. México entonces emergía de la
convulsionada etapa de independencia y se proyectaba al futuro a través de la
construcción de la institucionalidad en la economía, la sociedad y la política.
El documento nos sitúa en una etapa de la historia de
México en donde el triunfo liberal en España y la vuelta al orden
constitucional en 1820, como precursores de la reforma, trastocaron la situación existente en México,
ante el temor de los cambios que los
liberales podían impulsar desde la
metrópoli.
Los antiguos partidarios de la monarquía apostaron
por la emancipación de la
Nueva España con el propósito de influir en las decisiones de
nuestra joven nación, en ese empeño colocaron sus recursos y buscaron a toda
costa posicionarse.
El movimiento reformista, se gestó en el concurso que
convocó el
gobierno de Zacatecas, presidido por don Francisco García, en 1831. El
concurso se concretó básicamente a la calidad de los
bienes eclesiásticos y la
intervención que podría tener la autoridad civil.
El concurso fue ganado por el teólogo José María Luis
Mora, quien se inclina abiertamente por la intervención de los bienes
eclesiásticos. La situación fue clara
desde el punto de vista económico, porque explicó la riqueza de la iglesia y
sobre todo, sus antecedentes coloniales,
tanto en su influencia espiritual, como en
su unidad con el Estado.
Don José María Luis Mora fue, efectivamente precursor de grandes transformaciones,
indudablemente, un eminente liberal cuyo
ideario quedó registrado en el Semanario Político y Literario. Como liberal, se opuso a las pretensiones
imperialistas de Agustín de Iturbide. El Doctor Mora, se ha dicho, destacó, desde el punto de vista político por
el ejercicio de su cargo de diputado en la Legislatura Constituyente
del Estado de México. Su obra política
es el Catecismo Político de la Federación Mexicana, Disertación Sobre la Naturaleza y Aplicación
de las Rentas y Bienes Eclesiásticos; y
sus Obras Sueltas.
De ellas Mora mencionó: "Son la historia de mis
pensamientos, de mis deseos, de mis principios de conducta". De acuerdo
con el Dr. Mora, la tarea fundamental de un gobierno es dar a sus gobernados la
mayor suma de bienes y ésta no puede obtenerse sin educación.
No hay miseria más grande, que aquella que priva del
conocimiento a un pueblo sediento de alimento y cultura, estas palabras nos
expresan un pasado que ahora se hace recurrente, la disputa de los
conservadores, para con los liberales.
Esas luchas que se suscitaron en el pasado, siguen a
lo largo de dos décadas sin que, en un momento, disminuyera el choque entre los intereses doctrinarios y los
económicos, expresados por periodistas y escritores liberales y conservadores
de esa época.
Fracasada la Reforma con Gómez Farías, la reacción
conservadora va a favorecer, desde 1834 a 1846, los intereses de la iglesia. Si, en breve tiempo el gobierno dejó de ser instrumento
secular de dicha institución y suprimió la obligación de pagar los diezmos, se
derogaron las leyes civiles para la coacción en el cumplimiento de los votos
monásticos y el problema de los bienes.
Sin embargo, la idea secularizante avanzó, a pesar de que el gobierno
centralista de 1843 restableció la
Compañía de Jesús.
La guerra de 1846-1847, ante la invasión
norteamericana y la bancarrota del estado, van a servir nuevamente para
plantear la cuestión de las relacionesEstado - Iglesia, ya que nuevamente
Gómez Farías en el poder, como Vicepresidente, aunque Santa Ana fuera el
titular, va a tratar de hipotecar los bienes eclesiásticos, para fines de
defensa.
El proceso de acomodamiento de las fuerzas políticas,
continuó por largo tiempo. Lo que
algunos investigadores llamaron: “la sociedad fluctuante”, va a continuar: la
vieja sociedad colonial, la que no acababa de modificarse, en tanto que el
nuevo Estado Mexicano tampoco se integra ni se consolida, por lo que las
fuerzas de la nueva Nación son escasas y se manifiestan en la desunión, aun
ante los invasores.
En 1854 un antiguo insurgente, Juan Álvarez, se
levantó contra Santa Anna y proclamó el Plan de Ayutla. Este exigía que Santa
Anna dejara el poder y que se convocara un nuevo Congreso para que elaborara
una Constitución. La Revolución
de Ayutla, como se llamó a este movimiento, se extendió rápidamente. El
dictador salió de México y desapareció del escenario político.
Con el triunfo de la Revolución de Ayutla,
llegó al poder una nueva generación de liberales, casi todos civiles. Entre
ellos, Benito Juárez, Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Miguel Lerdo de Tejada y
Guillermo Prieto. Una junta nombró Presidente Interino al General Juan Álvarez
y después a Ignacio Comonfort.
También convocó a un Congreso que trabajaría en una
nueva Constitución.
El equipo de Comonfort preparó algunas leyes que
promovieron cambios importantes.
La
Ley Juárez
(por Benito Juárez), de 1855, suprimió los privilegios del clero y del
ejército, y declaraba a todos los ciudadanos iguales ante la ley. Juárez, nunca
se separo del pueblo, ya que tuvo la sabiduría de saber escucharlo y
obedecerlo. La voluntad de la
Nación, con el hombre de Güelatao, eran los altos designios
del pueblo.
Juárez sabia que el destino de México era el de una
República libre, soberana, y democrática. Urge que hoy sigamos construyéndola
con la misma decisión.
Urge que tomemos conciencia de estos dos personajes
significativos en la historia de México, tomemos pues su ejemplo y
proyectémoslo en la construcción de nuestra Nación, de nuestra democracia, de
éste México anhelante de seguridad, justicia
y libertad.
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