La Educación en el Renacimiento. Alfredo Macías Narro. Octubre del 2007.
La prolongada era del hombre
feudal, había llegado a su fin. Los burgueses le habían comprado las tierras y la pólvora le había derribado su castillo; el navío le mostraba, ahora, un continente remoto, hasta el cual no se podía llegar sino mediante la industria y el comercio.
Fue en Florencia, donde se asentó una especie de "vuelta al paganismo y la naturaleza", como un desafío político a la Iglesia católica. Aquí, había prosperado una burguesía liberal y que, apoyada por muchos nobles empobrecidos, confiaba en hacerse de las riquezas de la Iglesia y se comenzó a gestar la hegemonía comercial renacentista, bajo los auspicios y administración de los Médicis y otras familias de ricos
comerciantes. Este núcleo económico, desarrollado en un ambiente propicio, desembocó en el nacimiento de una nueva forma de hacer negocios:
El Capitalismo Comercial.
Este nuevo tipo de economía requería, a su vez, de
una pedagogía diferente, que antepusiera a los viejos dogmas de la era feudal,
el conocimiento útil y práctico creado por el hombre y para provecho del hombre. El individualismo burgués, asomaba por todos los rincones del conocimiento, exigía en la educación o, mejor dicho, exigía un sistema educativo, que fuese menos rígido y se estableciera en un ambiente más claro y,
sobre todo, que operase con reglas de observancia general. Los orígenes de las 4 corrientes pedagógicas, que abarcan desde el siglo XVI, hasta el siglo XVIII, está ya definidas de manera más o menos clara:
A) La que expresa los intereses de la nobleza cortesana.
B) La que sirve a la Iglesia feudal.
C) La que refleja los anhelos de la burguesía protestante, y
D) La que traduce las vacilantes afirmaciones de la burguesía irreligiosa. Menos audaz que el
Renacimiento paganista, la Reforma protestante tuvo consecuencias más dramáticas. Por las formas en que habían expresado y exigido sus reivindicaciones, los renacentistas no podían salir del cerrado círculo de la burguesía que les cobijó e impulsó. Sus idiomas "oficiales" (el griego, el latín y el hebreo), no eran practicadas por el grueso de la pequeña burguesía, por lo que, los estudios superiores durante el renacimiento, eran de carácter elitista y de muy alto costo.
La Reforma, iniciada por Lutero en Alemania, pese a su conservadurrismo dogmático, tenía la clara ventaja de manejarse en su lengua nativa y, por tanto,
el planteamiento de sus reivindicaciones, era entendido por todo el pueblo. En otras palabras,
por primera vez en toda la historia de occidente, un movimiento social consiguió atraer no sólo a la pequeña y mediana burguesía, sino a las grandes masas de campesinos que se le incorporaron. Desde su inicio mismo, el movimiento de Reforma se encontró dividido entre sus dos grandes teóricos: Martín Lutero (intérprete de la burguesía moderada y de la baja nobleza) y, el mucho menos conocido, Tomás Munzer (intérprete de los paisanos y plebeyos). Este último, consideró llegado el momento de ajustar cuentas a los opresores y, lejos de la débil postura de Lutero,
reclamaba, nada menos, que la igualdad civil y la igualdad social. Se puede deducir, de manera obvia, que la posición de clase de Lutero, le enfrentaba de manera directa y violenta contra las propuestas educativas y políticas de Munzer.
Por otra parte, el desarrollo comercial que de manera paulatina,el renacimiento trajo consigo, comenzó a convertir, hacia 1666, a determinadas escuelas elementales (en manos de la iglesia católica),
en escuelas de enseñanza práctica. La razón de fondo de esta prisa de la Iglesia Católica, era atraerse a las clases dirigentes, es decir, a los reacios comerciantes y banqueros irreverentes, debido a que las universidades,
eran focos de élite para el desarrollo del pensamiento y de la generación de conocimientos. El enorme mercado que era América, creció de manera espectacular y repercutió,
por fuerza de las nuevas necesidades, en las técnicas de producción. Desde el siglo XVI, la burguesía empezó a reunir a los trabajadores, hasta entonces aislados en gremios, especializados pero cerrados y comenzó a operar
un proceso gradual de socialización del trabajo que, les hizo pasar de la cooperación simple, a la manufactura y, de ésta, a la gran industria. Las crecientes exigencias del comercio, forzaron el desarrollo de la industria; la producción, dejó de ser una mera suma de actos individuales, para convertirse en una serie ordenada y metódica de actos colectivos. En cuanto el conocimiento científico comenzó a representar alguna utilidad o aplicación práctica para los comerciantes y productores burgueses, el dominio del hombre sobre la naturaleza, alcanzó, al fin, un grado de intensidad tal que, desde luego, se vio reflejado en la ideología de las clases dominantes.
De allí, a manifestarse en la adquisición de nuevos conocimientos e idear nuevas formas de transmitirlo, no transcurrió mucho tiempo. En el mismo siglo XVII, vieron la luz los trabajos y las ideas de hombres como Bacon (1561-1626), Descartes (1596-1650, Pascal (1623-1662), Galileo (1564-1642) o Comenio (1592-1671).
Sin apenas diferencia en el tiempo,
la filosofía y la ciencia, daban cuerpo teórico a los profundos cambios que la evolución de la economía iba creando en el escenario social. La tecnología, por su parte, ponía al alcance de la burguesía, los medios materiales para incrementar y mejorar la producción de mercancías.
La revolución industrial estaba a la vuelta de la esquina.