En el análisis de los conceptos que se manejan en el campo de la educación, se plantea una revisión de conocimientos previos sobre dos palabras que son el eje de la materia durante el semestre correspondiente, ésas son Currículo y evaluación; naturalmente de cada estudiante, desde la experiencia educativa previa y con los actos de reflexión individual realizados, surgieron propuestas plasmadas sobre el papel. Las posiciones diversas en la forma, de fondo marcaron una constante que fue el asociar el currículo con planes de estudio, lineamientos o estándares curriculares y la evaluación cómo el ejercicio habitual de calificación, aunque se manifestó que tales conceptos abarcaban diversos aspectos de la
realidad escolar y
social, modificar la visión y las actuaciones estrechas sobre lo que el currículo y la evaluación representa no sería una tarea fácil pero, cómo de lo que se trata es de colocar los cimientos de una sociedad mejor a partir de lecturas , cómo la de Ángel Díaz , se encontró que existen dos tendencias básicas con respecto a lo que se entiende por currículo en primera instancia, una de ellas muy de la mano con las políticas del ministerio de educación, en la que se entiende currículo cómo el “
conjunto de criterios , planes de estudio, programas, metodologías y procesos que contribuyen a la formación integral y a la construcción de la identidad cultural nacional, regional y local, incluyendo también los recursos humanos, académicos y físicos para poner en práctica las políticas y llevar a cabo el proyecto educativo institucional”, en realidad realizado el correspondiente análisis de éste parágrafo la idea que se maneja pasa por la mecanización del acto educativo, si entendemos que en un contexto de mundialización se requieren personas que desarrollen competencias determinadas para el mercado, entonces se puede explicar el hecho de que en la actualidad se impongan las temáticas a desarrollar en el
aula con unos específicos indicadores de evaluación, que en realidad preparan para el servicio a unos intereses determinados, pero que en el fondo están coartando la libertad de pensamiento y poco lugar dan a la reflexión y al desarrollo de conciencia crítica a menos por supuesto que ésta se dé a favor del sistema imperante; asimismo, es preocupante el hecho de que el
maestro bajo ésa
misma lógica, halla perdido libertad para desenvolverse en la clase y construir su propio currículo en consonancia con los requerimientos de los estudiantes, todo lo contrario puesto que los contenidos así como la forma de transmitirlos le son previamente entregados, sin que prime la reflexión pedagógica sobre la práctica, esto que por su parte demerita el rol del maestro y descalifica la profesión docente misma, de modo que en la actualidad cualquier profesional o
incluso técnico se permite el hacer las veces de educador, sin que medie ninguna consideración analítica o social.
La segunda tendencia de corte más inclusivo aboga por un currículo que se entienda cómo experiencia de vida, debiera incluir todo lo que sucede en la escuela, la iniciativa del maestro y la percepción de los estudiantes, más allá del currículo explícito que es el que se imprime y del que oficialmente se tiene registro, está la cultura escolar (currículo oculto), aquello que usualmente no está contemplado por la normatividad académica, pero existe, tales son los símbolos, rituales, formas de aprendizaje la familia misma de los educandos cuyo impacto sobre la vida de los escolares es incluso mayor que la de la institución educativa. Es ésa disociación entre los criterios curriculares oficiales que entienden el currículo como programa y las realidades de la comunidad educativa, lo que ha dad al traste con los proyectos que en la materia surgen desde el gobierno central, que afanado por responder a las demandas de la economía de mercado, coloca en un nivel subalterno elementos tan importantes cómo la cultura, la identidad étnica y las aspiraciones legitimas de el pueblo.
En cuanto a la evaluación se refiere, lo sumativo sigue siendo el elemento de valoración de procesos, ésa relevancia social de los objetivos planteados en una materia, no es claramente plasmada al finalizar un proceso, se carece del seguimiento adecuado, no son aplicados correctivos ni se plantean estrategias alternativas, en parte porque hoy se demandan resultados puntuales que deben ser medidos bajo parámetros determinados como la calificación, en ése sentido se determina que tan cerca se estuvo de cumplir con un criterio determinado, allí no hay lugar para resaltar la maduración cómo sujeto social, la solidaridad o la riqueza cultural adquirida; se establecen simplemente unos mínimos que pueden o no corresponder a la calidad de ser humano que se está formando, con el conocimiento y los valores que en conjunto le sean útiles para servir a su comunidad.
Educar, las implicaciones que pueda traer, no termina desde el aula y fuera del aula, en la familia, el barrio y la comunidad en su conjunto, debe promoverse la integración de los valores, la ética e incluso la espiritualidad a las tareas de aprendizaje entendidas en general como simple asimilación de contenidos; considero que el maestro que se interesa no solo su profesión o el beneficio material que ésta pueda significarle, sino que ama y valora cada ser que Dios le confía para ser formado, tendrá la disposición de revisar su práctica pedagógica y generar las acciones necesarias que redunden en la exaltación de la bondad, justicia y paz inmersos en el corazón de los hombres.
Más resúmenes sobre Currículo, evaluación y vida