LA EVOLUCIÓN CULTURAL DE LA EDUCACIÓN. Alfredo Macías Narro.
Agosto
del 2007. La Educación en la Comunidad Primitiva.
El hombre primitivo tenía también su concepción del mundo, aunque quizá no la hubiese formulado expresamente. Esa concepción del mundo, de acuerdo con el maestro Aníbal Ponce, reflejaba, por un lado, el ínfimo dominio que el hombre había alcanzado sobre la naturaleza y, por el otro, la organización social y económica de su tribu o clan, estrechamente vinculado a ese dominio. Los hombres de las comunidades primitivas seguramente creían en la existencia de ciertas y misteriosas fuerzas difusas que impregnaban a todo lo que les rodeaba, de la misma manera como las influencias sociales impregnaban a todos los miembros de su comunidad.
De esa manera de concebir el mundo, quizá la única posible en una sociedad rudimentaria, en que todos los miembros ocupaban un sitio igual en la producción, derivaba justamente el ideal pedagógico al cual los pequeños debían ajustarse: El deber ser, en que subyace la raíz del hecho educativo y que les era sugerido por su medio social desde el momento mismo de nacer. Con el lenguaje aprendían a hablar y recibían una cierta manera de asociar e idear, culturalmente estable para su comunidad, lo que les garantizaba la transmisión del conocimiento a las generaciones siguientes. Con las cosas y sucesos que veían y vivían, se impregnaban de las ideas y sentimientos elaborados por las generaciones anteriores y se entrelazaban de manera inevitable e irresistible en un orden social que los moldeaba y le dotaba de sentido a su existencia. Su conciencia era un fragmento de la conciencia colectiva, socialmente determinada y se desenvolvía en ella y de acuerdo con ella; el sentimiento profundamente arraigado de que no había nada superior a los intereses y las necesidades de la tribu.
En la comunidad primitiva, los fines de la educación derivan directamente de la homogeneidad de la estructura social, se identifican con los intereses comunes al grupo y se realizan igualitariamente en todos sus miembros de manera espontánea e integral: Espontánea, en tanto no existe ninguna institución especializada destinada a inculcarlos e integral, en cuanto cada miembro incorpora de manera más o menos afortunada todo lo que en dicha comunidad es posible recibir y elaborar. Este concepto de la educación, como función socializadora y espontánea de la comunidad, dejó de serlo en cuanto la comunidad primitiva se fue transformando paulatinamente en una sociedad dividida en clases. La aparición de la sociedad clasista, probablemente tuvo un doble origen: el escaso rendimiento del trabajo humano y la sustitución de la propiedad común por la propiedad privada. La mejora en los sistemas de producción, comenzó a generar producción de excedentes alimentarios, lo que trajo consigo la necesidad de mejorar el almacenaje y la distribución de los productos, la dirección de la guerra, la administración de la justicia y la administración de los recursos, exigió poco a poco ciertas formas de trabajo social diferentes del trabajo propiamente material.
La aparición de individuos o grupos de ellos liberados del trabajo material, fue una consecuencia histórica de la baja productividad de la fuerza humana de trabajo. Es casi seguro que, dadas las condiciones de la vida tribal, la comunidad era apenas capaz de sustentar la alimentación de sus miembros y que, cuando una tribu vencía a otra, se apoderaba de sus riquezas pero exterminaba a la totalidad de sus enemigos, puesto que era materialmente imposible incorporarlos a la propia tribu. En cambio, en cuanto las mejoras técnicas hicieron posible acrecentar el bienestar común, los prisioneros de guerra empezaron a ser asimilados en calidad de esclavos.
Es indudable que el trabajo esclavo aumentó más la generación de productos excedentes y que los “administradores” empezaron a trocar sus excedentes con otras comunidades. Es indudable que así nació el comercio y las técnicas de administración, pero también es un hecho que las funciones de los administradores se volvieron exclusivas y hereditarias y la propiedad común (tierras, ganado y esclavos) pasó lentamente a ser propiedad privada de las familias o grupos que la administraban y la defendían. Las funciones directivas se volvieron una suerte de patrimonio de un grupo reducido y cerrado, que defendía celosamente sus secretos y sus intereses.
De este modo, es factible que las ceremonias de iniciación, se configurasen como un primer paso de un proceso educativo diferenciado y sistemático. Esto, de alguna manera, comenzó a estructurarse como la escuela al servicio de una clase social. Los chamanes, los sacerdotes y los sabios se transformaron, de meros depositarios del saber común, en sus dueños. Las ceremonias iniciáticas implicaban rudas pruebas (a menudo sangrientas y dolorosas), ideadas y desarrolladas con la finalidad excluyente de poner a prueba el temple de los iniciados, pero también de subrayar de, manera indudable e impresionante,
el carácter intransferible de lo aprendido. Dueños de los productos a partir de ese momento, los grupos dirigentes se encontraron al mismo tiempo y quizá sin proponérselo, dueños de los hombres. Desde este punto de vista, las clases dominantes adquirieron, con respecto de las clases dominadas, una conciencia cada vez más clara
de ellas mismas. Seguramente que, con base en esta toma de conciencia de su posición de clase privilegiada, que las clases dominantes adecuaron
su propia educación y la educación que debía impartirse a otros.