“Tratado de ateologìa” en el entendido del redactor del presente documento, es un libro nefasto y absolutamente improductivo en términos de espiritualidad, lanza un ataque mordaz contra el monoteísmo, negando la existencia de lo trascendente, pretendiendo que el
hombre se sumerja en un estado de reprobación moral, sin conciencia de lo eterno.
Michel Onfray cumple con las características del hombre espiritualmente muerto, cuyo entendimiento está absolutamente entenebrecido, no hay verdad alguna en él, y su
alma moribunda, no puede más que procurar aquello que jamás, ni siquiera tangencialmente ha conocido, el poder, la grandeza y por sobre todo el infinito amor de Dios.
La odisea de los espíritus incrédulos.
¿Dios ha muerto?, La inmensa soberbia del hombre cree en su obstinación el poder minimizar a las potestades superiores, al punto de acabar con cualquier vestigio de Divinidad, cómo algunos no han visto realizado su propósito de erradicar la presencia del creador de las vidas de los hombres entonces el siguiente paso es colocar a Dios al nivel de fábula artificiosa o ficción descarada inventada por mortales; pretenden disociar la racionalidad, inteligencia, espíritu crítico de la
fe; posición ésta completamente sesgada y vana que omite el perfecto trazo de Dios en la creación y que fue al hombre a quien Dios legó la administración de su obra en la tierra, que solo cuando los hombres se vuelven a Dios empiezan a encontrar respuestas hasta las más complejas situaciones de la
vida práctica, que encontrando la espiritualidad que nace del corazón se combate contra la liviandad y la insensatez de un llamado proceso de desarrollo que olvidándose del mensaje redentor de Cristo, no opera mas que en función de su propia aniquilación. No es bienestar y paz lo que los pseudocientíficos y teóricos ofrecen al
mundo, tan solo dejan un lastre de confusión una plena insensibilización y anulación de los valores, entregados a una voracidad que acecha al débil y consume la esperanza.
Como seres espirituales a imagen de Dios nos ha sido entregado el privilegio de ubicarnos con el Señor del universo, es cierto que un día la comunicación fue rota por el pecado del hombre, pero la historia no terminó ahí, Jesús se hace hombre con el propósito de eliminar las trabas que impedían el comunicarnos e interactuar con lo sobrenatural, ahora, lo único que basta es la decisión de cada uno por fluir en una relación nueva y fresca por medio de la oración, el leer y escudriñar la escritura y la adoración, muchas veces el aparente silencio de Dios no es otra cosa que la oportunidad para decididamente proponerse acceder a Él, pues es la actitud soberbia, egocéntrica, desafiante e incrédula la que hace dificulta escuchar la voz del SEÑOR que habla al espíritu del hombre por el Espíritu Santo.
Quien se resiste a creer y en uso de su libertad toma el camino que le parece derecho, una y otra vez ve como todo en lo que pone su empeño es cómo hojarasca, pronto pasa y se desvanece; la cuestión no es reducible a calificar a éste o aquél como ateo porque alguien así lo determine, la situación de fondo es que el sujeto en cuestión renuncia a vivir en comunión con el Padre Celestial, es cierto, ésa es su decisión y nadie, ni si quiera Dios a menos que se lo permitan, va a obligarle a pensar diferente, entonces es el hombre en quien recae la responsabilidad por la salvación de su alma, Dios hizo lo que le correspondía, todo lo dio de sí, las alternativas son claras bendición, compañía, poder de Dios y vida eterna o separación permanente que se traduce en muerte.
Por otra parte se ha generalizado entre aquéllos que defienden posturas al margen de la fe, el concepto de mitificación en cuanto a la persona de Dios se refiere, al no considerársele como real, empiezan ha tratar de descalificar toda forma de expresión religiosa atribuyéndole condicionamientos que son típicamente humanos y no corresponden a la naturaleza misma de la deidad tales como el de exclusión, negando de plano el papel conciliador que puede llegar a tener la fe en la humanidad, pensada desde luego desde la perspectiva de la fraternidad y la paz..
El mundo carece en si mismo de significados concisos, no hay con seguridad en que apoyarse, ni las modas, las comodidades, el placer por el placer mismo, el trabajo, ni siquiera la familia satisfacen al común de los mortales, en esa medida se entiende que exista un indagar constante por aquella fuerza superior que está mas halla de lo corpóreo, porque su perfección, santidad y poder contienen ésa savia que nutre indefinidamente el alma humana y si así se quiere nunca deja de fluir, sus nombres tal vez algo de importancia subalterna para muchos son un referente no solo de lo que Dios representa, su esencia misma sino de lo que es capaz de hacer en éste mundo, aquí y ahora.
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