Jactarse, vanagloriarse y demostrar una magnificencia exterior visible, es acción y efecto de
ostentación de las riquezas materiales. No se puede ir a una villa de emergencia con un automóvil valuado en 100 mil dólares, donde en ese lugar, seguramente encontrará sus habitantes sumidos en la pobreza extrema y se verá entonces un cuadro de asimetría social desconsolador, nacerá la envidia en ellos y el odio será incontenible; valga éste mal ejemplo, para valorar nuestras actitudes y proceder. Se han visto también en muchos restaurantes de cuatro o cinco tenedores, ingresar a señoras y caballeros ostentando costosísimas alhajas, que deberían evitar mostrarlas y se suma que cuando algún pordiosero se le arrima a pedirle limosna ignoran su pedido, sin tener en cuenta que es
preferible pedir antes que robar y además, se olvidan de practicar la caridad y la solidaridad; ante que ponerse en lugar de esos seres humanos que padecen necesidades extremas, solo dicen:
“Que vayan a trabajar; son todos unos vagos”. Están los vagos y los necesitados por distintas circunstancias, pero nada les costaría dar una limosna. Esos mismos que se niegan a dar una limosna, después se quejan cuando son asaltados y hasta deben soportar secuestros express, y no es que avalemos eso, pero ocurre muy seguido. Hacer de la
ostentación una práctica cotidiana a nada conduce, incluso crea malestar en los que no alcanzan sus posesiones; ¿ para que entonces provocar al león? La única forma de “amansar a las fieras” es con la música; la mejor música en éste caso, es la no-ostentación de las riquezas.
En un país como Argentina, que el ingreso “per cápita”del rico es treinta veces superior al de cualquier trabajador con ingresos mínimos: imagínense ustedes de aquel que no tiene siquiera trabajo para sustentarse. Es preferible no- ostentar riquezas materiales.