Es comprensible que el barniz académico, aparte de lo que se ha logrado con acuciosidad e interés en la práctica, han contribuido a la eficiencia del trabajo de redacción y dicción en los diferentes
medios de comunicación; empero, no faltan los disparos de gazapos en no pocos de ellos, ya sean escritos, ora televisados o bien radiales. Naturalmente, errar es de humanos y rectificar es de sabios. En los periódicos, en las revistas, en los noticieros de la televisión y de la radio en acción, y hasta en las vallas comerciales, a nivel latinoamericano, revolotean los yerros. Entidades que se dedican a examinar a escala internacional la clase de periodismo que se estila en los países, viven señalando los
errores ortográficos y de redacción en toda la amplitud del concepto. Venezuela, desafortunadamente, está
muy a la zaga en el aspecto de velar por el buen uso del lenguaje, y eso ya no constituye un motivo para congratularnos. Aunque no sólo aquí, sino también en otras latitudes, hemos atrapado algo del
lenguaje no muy adecuado que se diga, en los medios de comunicación, incluso errorcillos y errores garrafales que no dejan de causarnos extrañeza al reparar en los
pueblos cultos. Sería la de no acabar incluir en este resumen de Por el ojo de la aguja -seccion en defensa del idioma- de toda una catarata de lo que ocurre en varios y determinados medios locales respecto del tema que apenas estamos desarrollando un poco: por eso les invito a ver Revista Suramericana y conocer otras secciones tales como: tradiciones, cine, paginas de la historia, arqueología, libros, el arte de vivir, tal día como hoy, y otras que hacen de esta publicación una visita obligada para el conocimiento de los pueblos y culturas de Nuestra America.
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