PERTENECER
Todos los años para esta fecha cambiamos el estilo de la editorial, que normalmente plantea aspectos de trabajo, por una que revele el otro aspecto, el emocional.
Es en esta fecha que dedicamos más tiempo a la familia y a todo su entorno, básicamente porque transitamos el año en constante movimiento de trabajo y siempre en los “debería” nos quedan las cosas que postergamos por falta de tiempo, y una de ellas es la familia.
En la revista de noviembre del año pasado planteaba esto, lo familiar, pero esta vez queremos revisar un término que nos define en el relacionamiento que entablamos con los demás y cuando decimos esto nos referimos a todas aquellas personas con las que hemos establecido un vínculo y a los lugares donde pertenecemos.
PERTENECER proviene del verbo tener y la partícula “per” es un aumentativo, por lo tanto, pertenecer es mucho mas que tener.
Existen dos maneras de usar este verbo, lo que nos pertenece por un lado y a qué ó a quienes
pertenecemos por otro. Es a esto último que queremos referirnos.
Tal vez para hablar de pertenecer debiéramos hablar antes de la soledad, alguien dijo que el ser humano disfruta de la soledad pero nunca de estar solo y sin lazos que lo contengan. Pertenecer es por tanto, ser
parte integrante de algo, y por eso también es una especie de sentimiento. Pertenecemos a tal lugar o a tal grupo porque de alguna
manera elegimos pertenecer, tal vez porque pertenecer es también ser aceptado y esto
modela nuestra conducta y criterios. Conciente o inconscientemente, sabemos adónde pertenecemos y éste es un buen momento para reflexionar.
Lo que nos fija emocionalmente son cosas como el idioma, la región donde nacimos y nos criamos, las costumbres de la sociedad que formamos parte que nos modela cada día porque, sin darnos cuenta, evolucionamos gracias a los grupos sociales que integramos.
Formar parte ó pertenecer nos da la posibilidad de compararnos, de rechazar o incorporar cambios y conductas y nos ayuda a darnos
cuenta de donde estamos parados en la vida, entre otras cosas, compararnos, nos revela la razón de porqué la felicidad necesita de la tristeza, porque, cuántas veces vemos a los que nos rodean con problemas, y es entonces que caemos en cuenta de que nosotros en realidad estamos bien, tan bien como para tender una mano y que somos felices sin admitirlo. Aquella frase que dice “cuando voltee la mirada sobre mi hombro, allí estarás” se convierte en verdad cuando pertenecemos, cuando somos aceptados y cuando compartimos lo bueno y lo malo.
Es probable que a diferencia de los que lograron acertar la lotería, el resto, somos lo que
somos por nuestros vínculos, por los lazos establecidos que cultivamos y por saber apreciar la importancia que tienen.
Ser parte integrante y formar parte son de alguna manera sinónimos de pertenecer y para medir su importancia tenemos que
reflexionar sobre una pregunta; ¿es importante pertenecer? Si nada cambia en nuestras vidas por no pertenecer, no debemos preocuparnos, pero, si nuestra vida diera un vuelco sustantivo, entonces, tendremos la respuesta.
Pertenecemos, y lo que les suceda nos sucederá y quiera dios que sean cosas buenas.
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