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Síntesis y críticas breves

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The Sunday Herald

por : Laclaire    


Georgia cayó en la trampa. Pero, la rusa, o la americana?
Vladimir Putin no es un hombre simpático, ni la KGB es la
respuesta rusa al Rotary Club. Consecuentemente, la tradición democrática rusa es muy fina, y no consigue ocultar su bandidismo, votos amañados, mafias oligárquicas, corrupción, ni cadáveres de periodistas.
Mientras tanto, la identidad rusa se compone de una mezcla de nacionalismo y paranoia. Sus gobernantes piensan que su país existe bajo la amenaza permanente de ser cercados por sus enemigos. Aqui viene la parte delicada: nada sugiere que estén equivocados.
Por supuesto, no es ésa la historia que hemos oído. Cuando Estados Unidos soborna a Polonia para que albergue misiles orientados a Rusia, és sólo un "escudo". Cuando Georgia lanza misiles más pequeños a una ciudad de Osetia del Sur, oímos que un leader georgiano, amante de la libertad pero "provocado", ha caído en la trampa rusa. Puede ser que Saakashvili, el presidente de Georgia, cometiese tal acto de locura. Osetia del Norte, gemela étnica y culturalmente de su vecina del sur, es parte de la Federación Rusa. Putin, y una clara mayoría de rusos y osetios, mientras tanto, tienen dificultades para entender el concepto de independencia de Georgia.
Cuando Saakashvili ofreció el regalo de un desafío militar directo al bombardear Tskhinvali, ¿cómo se supone que tenía que reaccionar Rusia?
Estados Unidos, con consejeros militares en Georgia equipando y entrenando a su ejército, afirma que ellos intentaron sin exito disuadir a Saakashvili de emprender una guerra. ¿Tiene America tan poca influencia sobre Georgia? ¿O acaso Saakashvili se hizo una falsa idea sobre el posible apoyo y las posibles respuestas de Estados Unidos? Ninguna otra posibilidad tiene sentido.
La mayoría de la prensa de occidente ha aceptado el guión como está escrito. La respuesta proporcionada a una guerra de cinco días en una pequeña región del Cáucaso es la ubicación de misiles en Polonia.
Digamos que Saakashvili, en efecto, cometió un error. La conclusión sigue siendo la misma, o bien Saakashvili fue engañado, o es estúpido. ¿Le da eso derecho a convocar los arsenales nucleares de la OTAN en caso de que se le vuelva a subir la sangre a la cabeza?
David Miliband, el ministro de exteriores británico, cree que sí. Sostiene que porque Georgia ha recibido una patada de los rusos, debería ser aceptado como miembro de la OTAN de inmediato. Esto era precisamente lo que Estados Unidos quería en una reunión de la OTAN en Bucarest en primavera, mucho antes de que nadie hubiese oído hablar de Osetia del Sur.
Se puede ver cómo iría eso en el juego estratégico del Departamento de Estado norteamericano. Los rusos tienen su pequeña guerra, dirían, y la oportunidad de exhibir sus cojones. Si funciona, salvamos las objeciones de alemanes, franceses e italianos, y plantamos otra bandera de la OTAN en el patio trasero de Rusia. Esto se conoce como un precio que vale la pena pagar.
¿Puede un líder con las credenciales de Saakashvili tener derecho a meterse de nuevo con los rusos con apoyo total de la OTAN? Miliband dice que debería poder.
Mientras los economicamente entrampados Estados Unidos se agitan ante pasadas glorias, están conviertendo a la OTAN en un instrumento contundente. La OTAN se revela en estos momentos como una fuerza expedicionaria al servicio de los intereses de Washington. Ése no es un desarrollo útil para la OTAN, Europa, America o el mundo.
Georgia debería servir como prueba. Sabemos que no se puede confiar en la Rusia de Putin. Pero también sabemos un simple hecho: en Osetia del Sur, Saakashvili empezó los tiroteos. Si se hubiese permitido funcionar a las Naciones Unidas podríamos estar hablando de faltas en ambos lados. En vez de eso, se nos ofrece una nueva Guerra Fría como si no hubiese ninguna otra alternativa posible.
Mientras tanto, el desastroso reto y contra-reto con Rusia tiene una clase de linea argumental chirriante y de muy dudosa reputación.
La OTAN, en medio de todo esto, se ha convertido en el representante de América. Siempre lo fue, en muchos sentidos. Uno sospecha, sin embargo, que la caduca administración de Bush ha encontrado finalmente el truco. ¿Cómo atraer a los escépticos europeos a la gran causa global sin que caigan en sus dudas y finos sentimientos?
Olvida las amenazas, los insultos, o las expresiones de amistad eterna: bastará con tratados vinculantes. Tratados vinculantes, claro está, y un par de guiones decentes. Haz ruido. Hazlo todo con una crisis en un lugar con un nombre que podría ser acabado de inventar. Hazlo con una interminable guerra contra los autores de una permanente, incoada, indefinible amenaza.
Putin, Saakashvili, y algunos señores de la guerra afganos estarán encantados de colaborar. David Miliband ni siquiera titubeará. Y las masas seguirán en la ignorancia.
Publicado el: agosto 25, 2008
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