El director del Instituto de Estudios Superiores de París, repasa en este artículo los elementos más positivos de la situación
de Latinoamérica y expresa su esperanza en que los cambios que están dándose, conduzcan al
continente suramericano al principio del fin de su prolongada crisis económica y social.
Touraine pone énfasis en primer lugar en la evidencia de la mala imagen de los Estados Unidos en todo el continente; y en la sustitución de la inversión norteamericana por la procedente de China, que ha provocado índices de
crecimiento extraordinarios y hasta cierto punto sorprendentes.
Por primera vez, dice el autor, se habla de un futuro prometedor en toda la zona, y no de las desigualdades sociales y de la deuda externa.
Las políticas económicas llevadas a cabo por los gobiernos de Kirchner en Argentina, Lula da Silva en Brasil y el recién elegido Evo Morales en Bolivia permiten una menor dependencia del petróleo venezolano; y por tanto, una posibilidad de superar los inmensos endeudamientos que comprometían el futuro de la región.
Sin embargo, el autor advierte que hay que aprovechar la favorable coyuntura para acabar también con las desigualdades sociales, porque en ese aspecto, los avances no son todavía perceptibles. Sólo Chile tiene capacidad de gestión a pesar de su defectuosa política educativa; y únicamente el estado brasileño de Sao Paulo tiene el equipamiento necesario para exportar productos de alta tecnología.
A pesar de ello, estamos en un momento en el que se puede ser optimista y confiar en que gracias al empuje del crecimiento económico, con mucho esfuerzo, y con una buena gestión por parte de las administraciones, se podrá abordar de forma eficaz el gran problema de Latinoamérica: la desigualdad social, que se ha convertido en el gran obstáculo para transformar realmente el continente.