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LOS TEMPLARIOS EN ESPAÑA
En cada provincia se estableció un maestre que estaba sometido al maestre general,
el cual residia en Tierra Santa. La imagen de los templarios era muy popular, debido a sus buenas obras y también por sus votos, aunque el aspecto de sus miembros contribuia a ello; una capa blanca, los cabellos rapados al cero y la barba poblada. La cruz bermeja sobre el hombro derecho concedida por el papa Eugenio III, en 1147, "para que este signo triunfante les sirva de broquel y haga que jamás vuelvan la espalda a ningún infiel".
El manto templario era reverenciado hasta el punto de que se despojaban de él cuando tenían que cumplir una necesidad fisiológica.
Esta cruz se marcaba sobre todas las restantes posesiones de la orden. En la jerarquía entre la tropa, el grado más alto correspondía al caballero, después estaban los sargentos y escuderos, éstos vestían con distinto uniforme; túnica o manto pardo o negro, corto, con la cruz roja en el hombro izquierdo.
Los sacerdotes no constituían grupo aparte. Aunque vestían de negro, los capellanes templarios hacían la misma vida de los caballeros.
La regla de los caballeros templarios era un código de derecho muy detallado y estricto que había de ser aplicado severamente por el responsable de cada encomienda o convento. Esta regla era secreta, pero se puede seguir su evolución desde su más antigua versión, dictada por el concilio de Troyes (1128), hasta la mas completa , hacia 1257.
En los estatutos jerárquicos, fechados en 1230, contiene lo referente a ceremonias tanto en el aspecto religioso como en el militar.
Cualquier hombre libre podía aspirar al hábito templario si estaba limpio de lepra, epilepsia o enfermedad contagiosa y no había sido expulsado de otra orden monástica. "Raramente haréis lo que deseéis: si queréis estar en la tierra allende los mares se os enviará a la de aquende; o, si queréis estar en Acre se os mandará a la tierra de Trípoli o de Antioquía o de Armenia, o se os enviará a Pouille o a Sicilia, o a Lombardía o a Francia o Borgoña o a Inglaterra o a muchas otras tierras donde tenemos casas o posesiones. Y si queréis dormir se os hará velar y si alguna vez deseáis velar, se os mandará a reposar a vuestro lecho. Cuando estéis sentado a la mesa y deseéis comer, se os mandará ir donde se tenga a bien, y jamás sabréis adónde. Tendréis que soportar a menudo palabras malsonantes. Considerad, gentil y dulce hermano, si estáis dispuesto a sufrir de buen grado tales rigores Estaban prohibidos todo adorno innecesario, como dice la regla " cada cual debe vestirse y desvestirse, calzarse y descalzarse rápidamente". El Templario tampoco podía comer o beber fuera del refectorio comunal.
Debía en todo momento conducirse con humildad y cortesía, hablando dulcemente a sus hermanos, sin incurrir jamás en grosería o envanecimiento. La regla insistía en eque el caballero debe extremar su higiene y cuidados corporales.
La asamblea decidía el castigo que merecía el infractor y todas las penas eran ejecutorias y sin apelación. Podían entrañar la expulsión de la orden, pérdida temporal o definitiva del hábito y penitencia corporal en público.
En la pérdida temporal del hábito, ya cumplida la penitencia, en su primera comida en el refectorio soncumía sus alimentos en el suelo, sobre un pliegue del manto.
La orden profesó especial devoción por la Virgen María, a san Jorge y a san Juan. Su reliquia mas preciada fue una Santa Espina que cada Viernes Santo florecía al ser elevada por el capellán.TEMPLARIOS EN ESPAÑA Aragón fue, junto con Portugal el primer reino peninsular en el que se tiene constancia del establecimiento de los templarios. En 1130, Raimundo Rogelio, de Barcelona, donó a la orden del Temple la plaza de Granera. Dos años más tarde el conde de Urgel les cedió el castillo de Barberá.
La orden llegó a poseer en el reino de Aragón, hasta treinta y seis castillos.
En 1134, Alfonso el Batallador, que murió combatiendo a los moros, dispuso en su testamento que las órdenes de Tierra Santa heredarán sus reinos de Aragón y Navarra, y aunque su voluntad no fué cumplida, los templarios negociaron sus derechos con el nuevo rey, Ramón Berenguer IV, y obtuvieron un conjunto de villas y castillos: Monzón, Mongay, Chalamera, Barberá, Belchite, Remolins y Corbins.
Durante el reinado de Alfonso II el Casto, los templarios participaron en el combate contra Mertín, Alhambra y Caspe. En recompensa, obtuvieron la tercera parte de Tortosa y la quinta parte de Lérida.
En 1176 colaboraron con Alfonso VII en la toma de Cuenca.
El Temple poseía importantes propiedades en Castilla-León; algunas de ellas por su estrategica posicion en el camino de Braganza a Zamora: Coria, Benavente, Limia y Ponferrada, las salinas de Lampreana y la villa de Alcañices. Esta última, la villa de Alcañices, fué motivo de pleito entre la orden de los templarios y la de Santiago.