Este artículo expone el caso de Laura, que invirtió 1000 euros con la esperanza de obtener 8000. La mecánica de esta inversión
consiste en que nuestra Laura debía aportar los euros y dos personas más dispuestas a invertir, ella "aportó" a algunos familiares a la rueda, y se quejan amargamente de no haber recuperado "ni un duro", pues el negocio se truncó al quedar paralizada la rueda por no hallarse más personas dispuestas a "invertir".
El problema para Laura fue más allá de la pérdida del
dinero, ya que lo habían pedido prestado. Laura afirma "que les comían el coco" para que encontraran nuevos inversores, y que en las reuniones vieron cómo la promotora de la bola se embolsaba 8000 euros.
Un mes antes se detectó la presencia de estas "ruedas" en la isla de Ibiza, donde está en marcha una investigación policial.
No se trata de una secta, aunque su funcionamiento tiene aspectos que la asemejan.