EL HOMBRE MAS FELIZ DEL PLANETA (Cerebro Budista Increíble) Tiene una actividad inusual en la corteza izquierda de su cerebro, donde radican las sensaciones placenteras Por David Jiménez
Es mucho más feliz que usted y yo. Mucho más. Matthieu Ricard obtuvo calificación inalcanzable en un estudio sobre el cerebro, realizado por la Universidad de Wisconsin (EEUU). Científicos en neurociencia afectiva, lo designaron “El hombre más feliz de la Tierra”. Quien hoy es el asesor personal del Dalai Lama, es biólogo molecular y abandonó todo por abrazar al budismo. ¿Tiene una bonita casa en la playa? ¿Una cuenta bancaria creciente? ¿Tal vez un matrimonio armónico y una excitante vida sexual? ¡No! Nada de eso, el
monje prefiere vivir en las montañas de Nepal, en monasterio apartado de la civilización; ha donado millones de euros producto de la venta de sus libros a la caridad y desde hace 30 años vive en celibato total. Investigadores de la Universidad de Wisconsin, llevan años analizando el cerebro de este francés de 61 años, sometiéndolo a constantes resonancias magnéticas nucleares, en sesiones de hasta tres horas de duración. Los resultados fueron comparados
con otros cientos de voluntarios, cuya
felicidad fue clasificada en rangos que van del 0.3 (muy infeliz) hasta -0.3 (muy feliz). Matthieu Ricard alcanzó -0.45, rebasando los límites previstos en la investigación. Lo difícil de aceptar que Ricard es el hombre más contento y satisfecho del mundo, es que nos deja a la mayoría en el lado equivocado de la vida. El monje carece de todas las cosas que los demás perseguimos con la convicción de que nos harán un poco más felices. ¿Estamos equivocados los que seguimos centrando nuestro esfuerzo en un trabajo mejor, un coche más grande o una pareja más bella? Los científicos estadounidenses, dirigidos por el profesor Richard J. Davidson, aseguran que el cerebro es un órgano en constante evolución y por lo tanto moldeable. “La Plasticidad de la Mente”, ha sido comprobada al analizar la corteza cerebral izquierda, donde se concentran las sensaciones placenteras, en tanto que en la corteza cerebral derecha se recogen las que motivan sensaciones negativas como la depresión, ansiedad o miedo. La idea detrás de la “Plasticidad de la Mente”, es que la felicidad es algo que definitivamente se puede aprender, desarrollar, entrenar y mantener en forma, aunque difícil de alcanzar incondicionalmente. Esa capacidad, Ricard la explica en los monjes budistas , en la habilidad de alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos a través de la meditación diaria. Aunque la mayoría de sus obras han sido éxitos editoriales, Ricard niega que su lectura garantice el éxito, sin embargo explica, en su más reciente obra publicada en España “Defensa de la Felicidad” (Ed. Urano), como nuestra vida puede ser transformada con variaciones mínimas en la manera como manejamos nuestros pensamientos y en la percepción del mundo que nos rodea. La historia del monje, puede parecer insólita. Hijo de reconocido padre intelectual y exitosa madre artista, Matthieu Ricard experimentó la vida parisina con los excesos de los años 60 y después de elegir la ciencia como tema de sus estudios superiores, se doctoró en genética celular en el Instituto Pasteur de París. Su destino parecía llevarlo a ser uno de los grandes investigadores en el ramo de la biología, cuando el estudio del
budismo iluminó su espíritu y lo convenció a dejarlo todo. Ya en el Himalaya se alojó en la más ancestral escuela del budismo y a partir de 1972 se convirtió en el único europeo que habla, lee, traduce el tibetano clásico. Posteriormente conoce al Dalai Lama y a partir de 1989 se convierte en uno de sus principales asesores y su traductor al francés, posición que le ha llevado a ser considerado como la figura budista occidental más influyente del mundo Ricard manifiesta que no es necesario retirarse a un templo en el Himalaya para ser feliz, lo importante, asegura, es cambiar el chip mental que con frecuencia nos hace detenernos en los aspectos negativos de la vida. Incluso la pérdida de los seres queridos puede asimilarse si se afronta la muerte desde una perspectiva nueva, menos centrada en su dramatismo, aceptándola como un paso más en el ciclo natural de la vida y no necesariamente como un episodio triste. El monje pregunta: “¿Acaso quieres vivir una vida en que tu felicidad dependa de otras personas?” Y sugiere: …”aceptemos que la deseada casa en la playa, los millones en el banco o esa pareja tan atractiva, no nos conducirán a la felicidad. Aprender a contentarnos con lo que tenemos quizás sí.”
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