Hay personas que aceptan bien que se les lleve la contraria o se les mencionen sus defectos y errores. Otras, simplemente,
no lo soportan. Se sienten atacadas, dolidas y responden con insultos o agresividad.
Sin embargo, la eficacia de las críticas no depende sólo del talante del destinatario sino de un estilo de crítica adecuado que no es hiriente y que tiene como objetivo provocar cambios beneficiosos para todos los implicados en la realidad sometida a juicio. Es por ello, que si queremos ser oídos y aceptados en nuestras críticas debemos aprender a hacerlo.
Solemos hablar de "críticas constructivas" pero ¿qué cualidades posee una crítica
constructiva? ¿qué la diferencia de la que no lo es? Una crítica constructiva no consiste en silenciar lo negativo, ni en emplear rodeos, ni en minimizar los defectos que se pretende corregir. Se trata de despojar a la crítica de todo aquello que no vaya encaminado hacia la mejora, de expresar nuestro parecer respetuosamente, sin herir -bajo ninguna circunstancia- a la persona criticada.
El motivo principal por el que nuestras críticas se realizan torpemente, es la llamada "proyección". La mayoría de los juicios negativos que formulamos acerca de los hechos ajenos son proyecciones de nuestras propias limitaciones, carencias, defectos y resentimientos. Es decir, vemos en los otros lo que no nos gusta en nosotros mismos. En realidad se trata de una mala relación con nuestro propio ego. Las conductas erróneas ajenas evidencias las nuestras y eso no nos gusta.
Asímismo, es fácil sucumbir a la tentación de poner en evidencia a los demás para creernos más capaces que ellos. Existen personas que necesitan oponerse a todo para autoafirmarse y que se alimentan de la indignación para desenvolverse por el mundo. ¿Eres una de ellas?
Ante todo debemos ser conscientes que la crítica agresiva sólo provoca heridas. El tono de voz elevado, las palabras despectivas, los insultos... sólo consiguen que nuestro
interlocutor se ponga a la defensiva, actitud que no propicia el entendimiento ni el cambio.
Vamos a dar a continuación algunas reglas básicas de cómo debe de ser una crítica constructiva:
En primer lugar, hay que centrarse en la cosa y no en la persona. Bajo ninguna circunstancia debemos atacar a la persona. Nos limitaremos a concretar el comportamiento o pensamiento objeto de crítica, preservando en todo momento la autoestima de nuestro interlocutor.
Se debe asímismo, proponer alternativas: "¿no crees que si lo hubieras hecho de esta forma habría salido mejor?". Dejar que la persona lo piense, recapacite, reconstruya su acción y pueda pensar en las consecuencias poco eficaces de su acto.
Es conveniente hablar poco. Nada de dar una charla moralista y correctiva que aunque vaya cargada de razón, sólo sirve para hundir aún más a nuestro criticado. A lo dicho, hablar poco y escuchar mucho. Para eso tenemos una boca y dos orejas.
Sobretodo, hay que evitar colocarse en una actitud de superioridad. No somos profesores ni padres. Dejar claro que todos nos equivocamos y que si ahora le ha tocado a él, mañana nos puede tocar a nosotros. Asímismo, es recomendable extraer los aspectos positivos de sus acciones para que no todo sea negativo. Como decimos en mi tierra "entre col y col ... berza".
En resumen, la crítica constructiva no busca la culpa sino las soluciones. Pretende preservar la relación, no destruirla. Busca la enmienda pero nunca a costa de la pérdida de autoestima del otro.