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LENTEJUELAS, MERCADO Y DESPÚES
Un análisis detallado de la producción novelística de Dani Umpi responde a los dilemas de la reflexión crítica en torno a las minorías sexuales. Economía política, literatura y merceología de la mano de Claudio Iglesias y Damián Selci.
Por Claudio Iglesias y Damián Selci
Vida sexual en el Cenozoico porteño Mucho tiempo habríamos soportado, y padeceríamos aun hoy, la estereotipificación comercial de las minorías sexuales. La encomiable causa de la liberación de los cuerpos no habría triunfado por sí misma, sino sólo en el espacio icónico-identitario del mercado, que la absorbió hasta tornarla un motivador de consumo. La identidad homosexual habría perdido su peso provocativo,
político; su salida de la larga noche de la clandestinidad la habría tornado un mero emblema de la compraventa. Su pasado contracultural de resistencia habría ingresado contra voluntad al museo de la ideología pública, habría sido encajonado, clasificado y desprovisto de su sangre, de su lucha, como las obras efímeras del arte de los ‘60 en las más importantes colecciones europeas.
Pero hubo un día luminoso, en el cual la homosexualidad fue sudor y combate contra el falo(+euro, +logo, +etno)centrismo. Un día en que los cuerpos se pavonearon esplendorosos, cargados de resistencia, en sótanos malolientes y deseantes. Un día de carnaval en la larga noche del siglo XX, cuando la revolución era el sexo y el sexo era la revolución. ¿Cuándo, según este relato mítico, terminó ese día?
Cuando llegó el mercado, y descubrió que los combatientes podían ser compradores. Que los jóvenes revoltosos egresaban de la universidad, conseguían buenos trabajos, querían vivir en pareja y sostener el hálito de sus recuerdos en innumerables mercancías que les evocaran su atávico pasado de guerreros nómadas a la luz de su flamante vida sedentaria y burguesa. Y así fue como los cazadores furtivos del antiguo planeta homosexual se convirtieron en animales de presa del marketing
gay friendly.
Con vistas a este panorama de reflujo sexual-revolucionario, se llegó a cuestionar la conveniencia misma de la identidad gay. Ya en 1991, en su ensayo “La desaparición de la homosexualidad”, Néstor Perlongher se mostraba reticente a hablar de “identidad homosexual”, dado que este concepto le resultaba estrictamente coextensivo a la normalización de la sexualidad, es decir, a su despolitización vía mercado. Perlongher sostenía que había que distanciarse de “los gays a la moda norteamericana, de erguidos bigotitos hirsutos”, es decir, de los homosexuales insertos en la sociedad de consumo.
Double income, no kids: los transgresores que ahora son consumidores. Decía hace poco Pablo Schanton que “la existencia de tal categoría socio-económica
demuestra hasta qué punto los excluidos de ayer son los incluidos en el Sistema de hoy” <1>.